Los ortodoxos israelíes piden que las chicas se queden en casa y así puedan reabrirse las escuelas reservando el espacio a los chicos. Suena muy raro en pleno siglo XX, pero así es. Israel es uno de los países más castigados por la pandemia, y se ha comprobado que los ortodoxos no son precisamente los más cumplidores de las normas impuestas por el gobierno. Ellos obedecen su propia ley divina, la cual, según se ve, no es muy respetuosa con las mujeres.

La coalición Judaísmo Unido de la Torá es una voz poderosa entre los ortodoxos, que constituyen el 12% de la población y representan una fuente de votos para Benjamín Netanyahu. Habría que contentarlos, pues, si bien los laicos ya han amenazado con llevar el susodicho dictamen a los tribunales si acaso prosperara. 

Mucho se habla de la discriminación de las mujeres entre los musulmanes, y muy poco de la practicada por el judaísmo. Se trata de mentalidades ancladas en el principio de los siglos, hasta el punto de que, en sociedades tan avanzadas económica y científicamente como Israel, surjan propuestas como la expuesta. Que, por lo demás, no es la única aberrante, sino que se agrega a otras dos: la de imponer autobuses segregados por sexos y la de reservar plantas solo para mujeres en los centros comerciales. 

Pretensiones tan inaceptables que, por supuesto, no se han implantado. Praxis que no puede hacernos obviar la situación en que deben de hallarse las mujeres en el seno de la ortodoxia judía. Echando cuentas, un 6% de las israelíes se hallan en manos de hombres que no las tienen en consideración, que, entre otras perversidades, quieren condenarlas a no ir a la escuela.

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