Sviatlana Tsikhanouskaya. Wikipedia

El pasado domingo 9 de agosto, Bielorrusia vivió las elecciones más tensas de las últimas décadas. Sviatlana Tsikhanouskaya es la líder opositora ante Lukashenko quien ha ostentado el poder del país desde hace 26 años, siendo conocido como “el último dictador de Europa”. Lukashenko proviene del Partido Comunista Bielorruso, siendo en 1991 el único miembro del Soviet Supremo bielorruso que votó en contra de la disolución de la URSS y se presentó a las elecciones a la presidencia con el fin de lograr una mayor integración con Rusia, concretado en acuerdos como el Estado de la Unión de Rusia y Bielorrusia (1997). Ha sido acusado a nivel internacional por violación de derechos humanos hacia su oposición, llegando al punto que Estados Unidos y la Unión Europea no reconocen como validos sus triunfos electorales. 

Ante Lukashenko, Sviatlana Tsikhanouskaya, se ha postulado como líder de la oposición, después del encarcelamiento de su marido, junto a varios opositores. La movilización que ha promovido Tsikhanouskaya contra Lukashenko y en pro de la democracia ha generado enormes tensiones en el país, donde en las últimas semanas, las fuerzas de seguridad y los servicios secretos bielorrusos (KGB, Bielorrusia es el único país de la antigua URSS que mantiene el nombre soviético de su agencia de inteligencia) han arrestado a unas 1.500 personas, según la organización de derechos humanos Vesna. 

Tsikhanouskaya se presentaba a las elecciones con un único propósito, lejos de mantenerse en el cargo de la presidencia por años, la líder de la oposición pretendía generar una transformación al sistema democrático del país durante seis meses, para poder desarrollar al fin unas elecciones plenamente democráticas. Defendiendo la democracia por encima de los ataques machistas que el presidente le ha lanzado, afirmando que el país no está preparado para tener una mujer de presidenta, con amenazas de cárcel hacia ella y de orfelinato a sus hijos, llegando a detener antes de las elecciones la jefa de su campaña. 

Con el apoyo de dos mujeres, Maria Kolesnikova, jefa de campaña de Babaryka, y Veronika Tsepkalo, la esposa de Valery Tsepkalo, destacados políticos de oposición a quienes se les prohibió inscribir sus candidaturas, se ha convertido en un símbolo de su campaña desde la valentía y la solidaridad y con la democracia y los derechos humanos por bandera, a pesar de los malos resultados electorales, de los que acusan al gobierno actual de fraude, con denuncias por cierre de colegios electorales dejando a colas de personas fuera, Tsikhanouskaya se ha convertido en el símbolo del cambio ante los ojos de occidente, con L’Estaca de Lluís Llach como himno, miles de personas en Bielorrusia se han sumado a la transformación y a la rotura del silencio, hacia un país más libre.

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