Desde que comenzó el cierre de su país, un equipo de 20 jóvenes de Zimbabwe lucha contra la “infodemia” del coronavirus a través de las redes sociales y de programas de radio. Algunos de los mitos que han descubierto en línea son “beber alcohol matará el coronavirus” o “está bien compartir las mascarillas” o “las personas africanas no pueden contraer la COVID-19” o “la pandemia no es real”. Hasta el día de hoy, con su trabajo, han conseguido llegar a unas 100.000 personas.

Bridget Mutsinze, una voluntaria de 25 años contaba a Thomson Reuters Foundation: “Hay un dicho que dice que ‘la ignorancia es felicidad’. Bueno, en este caso, la ignorancia no es felicidad, sino que es la muerte”.

En Zimbabwe están aumentando los casos de personas infectadas por coronavirus, tienen ya más de 1.800 casos y, al menos, 26 muertes, según un recuento de la Universidad de Johns Hopkins.

Las y los jovenes trabajan con la organización Voluntary Service Overseas (VSO). Su trabajo consiste en revisar y corregir las fake news en relación a la COVID-19 que se publican y difunden a través de Twitter, WhatsApp, Facebook y la radio. El objetivo es detener la propagación de la enfermedad. Las personas voluntarias están aprovechando las conversaciones informales que se tienen a través de las redes sociales citadas para aclarar las informaciones que tienen una base científica y las que no.

Cuando se anunció el cierre de Zimbabwe en marzo, Christon Zimbizi, director de proyectos de VSO de la sede de Harare, capital de Zimbabwe, reunió a un grupo de voluntariadi y les preguntó como creían que podían contribuir a frenar la pandemia. En declaraciones a Thomson Reuters Foundation, Zimbizi explicó: “les dimos el trabajo de elaborar un plan y un presupuesto y decidieron que podían usar las redes sociales (…) para combatir las noticias falsas sobre el virus”. Utilizando la información oficial provista por la OMS, las personas voluntarias se conectaron en línea, invitaron a cientos de zimbabuenses a grupos de WhatsApp, así como a conversaciones a través de Twitter y Facebook, para clarificar conceptos erróneos sobre la enfermedad.

Por otro lado, también están recibiendo críticas e incluso amenazas a medida que piensan nuevas formas de comunicarse, como enviar vídeos de canciones sobre noticias falsas.

El defensor sudafricano Ntando Yola de la Fundación Desmond Tutu HIV dijo que, para que la lucha contra la desinformación sea realmente efectiva, es necesario que se impliquen todas las personas posibles y la sociedad en general: “cada uno de nosotros debe ser responsable de no propagar el pánico al compartir mensajes no verificados en comunidades que están luchando por controlar el impacto de la pandemia” y añadió que esta misma estrategia podría aplicarse a otras campañas de salud.

Para Mutsinze, voluntaria citada en líneas anteriores, ver el éxito del trabajo que está haciendo el voluntariado merece mucho la pena, aunque estén recibiendo mensajes de rechazo y amenazas en línea: “Se siente como un gran avance cuando las personas responden a nuestros esfuerzos y hacen cambios en el estilo de vida para combatir el virus. Puede ser una posibilidad remota, pero parece que conseguiremos la victoria”.

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