En este artículo nos gustaría explorar qué posicionamiento respecto la prostitución tienen los diferentes tipos de masculinidad en la actualidad, clasificando estas masculinidades entre las que apoyan la libertad sexual o la coartan, y entre las que rechazan la prostitución o la defienden.

 

Entendemos por masculinidad la expresión y manifestación de características relacionadas con la identidad de los chicos o los hombres. Hay un gran componente de construcción social de la masculinidad, de forma que lo que la caracteriza varía a lo largo del tiempo, a través de las culturas y de los grupos sociales. Siendo las sociedades actuales heterogéneas, podemos encontrar distintos tipos de masculinidades. Es conocido que las ciencias sociales han descrito y caracterizado diferentes tipologías. Ramón Flecha, Lidia Puigvert y Oriol Ríos (2013) establecen una tipología teniendo como eje central el atractivo y el posicionamiento ante la libertad, la igualdad y la violencia de género; de ello resultan la masculinidad tradicional dominante (MTD) que es agresiva, poco igualitaria y despierta atracción, la masculinidad tradicional oprimida (MTO) que es igualitaria, no agresiva, pero no despierta atracción, y la nueva i alternativa masculinidad (NAM) que supera esa dicotomía.

Otra autora de referencia, Raewyn Connell, habla de una masculinidad hegemónica (MH) entendida como “el patrón de prácticas, cosas hechas (y no solo un conjunto de expectativas de roles o una identidad), que permite que el dominio de los hombres sobre las mujeres continúe” (p. 832). Este tipo no es mayoritario, pero sí normativo, establece cuál es la norma y la forma socialmente más deseable y aceptada de ser un hombre. A ella se subordinan el resto de masculinidades; entre éstas hallamos la masculinidad cómplice, representada por hombres que disfrutan de los beneficios del patriarcado sin mostrar un apoyo demasiado explícito.

Por otro lado, hay diferentes posiciones jurídico-teórico-filosóficas en torno a la prostitución. Unas consideran la prostitución como una explotación, una sumisión y subordinación de la voluntad y de los deseos de una mujer a la de un hombre por dinero; la consideran una posición de desigualdad, una merma en las libertades, y por ello abogan por abolirla o prohibirla: son el abolicionismo y el prohibicionismo. El primero, actuando contra la demanda, contra los puteros, y el segundo, contra ambos, demanda y oferta, puteros y mujeres explotadas sexualmente (usando su terminología). Por otro lado, encontramos las posiciones regulacionistas y descriminalizadoras, que consideran que la prostitución es la venta de un servicio sexual, en virtud de la cual la persona libremente mantiene diferente tipo de relaciones sexuales con un cliente, y que hay de regularlo y descriminalizarlo.

Los NAM se caracterizan por desear y apoyar la libertad sexual de todas las personas, la idea de que éstas puedan elegir libremente y sin coacción sobre su vida sexual. Según el feminismo abolicionista, una de las maneras de coaccionar, corromper o ir en contra de esta libertad sexual es la prostitución. Los NAM, en la medida que la prostitución va en contra de la libertad sexual, también están en contra de la prostitución, como así podemos verlo reflejado en distintas campañas como We Don’t Buy It – https://wedontb, Cool Men Don’t Buy Sex.

Si agrupamos los diferentes tipos de masculinidad entre los que defienden o tienen actitudes abolicionistas o prohibicionistas, y los que tienen actitudes regulacionistas o descriminalizadoras, los NAM se encuentran entre los abolicionistas, y los diferentes tipos de masculinidad hegemónica y tradicional los ubicaríamos entre los dos segundos. De ello se desprende que las masculinidades hegemónicas, cómplices y tradicional dominante comparten discurso, actitudes y forma de pensar con las posiciones que defienden la regulación de la prostitución, mientras los NAM las comparten con las posiciones que defienden el abolicionismo.

Empieza a haber estudios sobre el tipo de masculinidad de los hombres que pagan por tener sexo, o puteros, y muchos coinciden en señalar que se encuadran en lo que hemos definido como masculinidad hegemónica o masculinidad tradicional dominante. Los NAM están contribuyendo como ningún otro tipo de masculinidad a la abolición de la prostitución poniendo atractivo en la libertad sexual, en la igualdad y en la justicia social, y dejando en evidencia que los puteros necesitan tener sexo pagado para afirmar su masculinidad y estar satisfechos con ella, lo cual cada vez más está dejando de tener atractivo.

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