Como otras mujeres pioneras, sobrepasó con valor e inteligencia los obstáculos impuestos a su género y a su condición. Nacida en París en 1723, murió seis meses antes de que estallara la Revolución francesa. Siendo hija de una criada palaciega, Nicole-Reine ascendió socialmente al casarse con Jean-André Lepaute, un maestro relojero que fabricaba y reparaba relojes para Luis XV. Era un hombre sin rasgos machistas, puesto que aceptó de buen grado la ayuda de su esposa en la construcción de un reloj con funciones astronómicas. El instrumento fue presentado en la Academia Francesa de Ciencia en 1753, institución de la cual el relojero era miembro.

A no tardar, el acreditado astrónomo Jérôme Lalande, experto en el Sistema Solar, encargó a ella y al matemático Alexis Clairault que hicieran cálculos sobre el previsto paso del cometa Halley. Tarea que les mantuvo ocupados durante seis meses hasta que, en noviembre de 1758, comunicaron que el cometa podría observarse al día 13 de abril del año siguiente, fecha muy ajustada puesto que en realidad fue visto el 13 de marzo. A resultas de sus cómputos, por primera vez fue posible predecir cuándo el cometa cruzaría el perihelio, eso es, cuándo orbitaría más cerca del Sol. Lamentablemente, Clairault carecía del talante respetuoso del marido de Nicole-Reine Lepaute y se negó a reconocer el trabajo de su colega, bajeza que le fue echada en cara por Jérôme Lalande cuando en un artículo puso de relieve la colaboración de Lepaute.

Integrándose en el equipo de Jérôme Lalande, trabajó con él a lo largo de 15 años, durante los cuales, entre otros fenómenos, calculó el momento exacto del eclipse solar ocurrido el 1 de abril de 1764. No era época en que resultara fácil hacerlo, ni para hombres ni para mujeres, motivo por el cual Lepaute fue admitida en la Academia Científica de Béziers como miembro distinguido.

Sin haber tenido hijos propios, adoptó un sobrino de su marido, al cual introdujo con provecho en las ciencias astronómica y matemática. Ella falleció a los 65 años de edad, no habiendo gozado de una ancianidad placentera por cuanto, cuidando a su marido de una prolongada enfermedad terminal ella misma se quedó ciega, poco antes de que él muriera. Nicole-Reine Lepaute no pudo conocer la toma de la Bastilla ni las revueltas ulteriores. No cabe columbrar cuál habría sido su postura, ni si su valía hubiera sido reconocida aún en mayor medida.

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