Este pasado viernes 19 de junio, en el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia Sexual en los Conflictos iniciado en 2015 por la ONU, se presentaba, en el acto virtual organizado por el mismo organismo, el nuevo código de conducta para investigar la violencia sexual sexual en los conflictos armados. Una iniciativa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña y Nadia Murad, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2018 y activista iraquí a favor de los derechos de la mujer y en contra de la violencia sexual en los conflictos, quien fue secuestrada y convertida en esclava sexual junto con otras miles de mujeres de la minoría yazidí, por el grupo terrorista Estado Islámico en Irak en 2014. 

La violencia sexual en un conflicto armado es considerada uno de los crímenes más aberrantes, en que la violencia sexual contra las mujeres es tomada como arma de guerra. Por ello, es una gran noticia la presentación del borrador, que se espera sirva como Código de Conducta Global para Investigar y Documentar la Violencia Sexual relacionada con el conflicto. El documento manifiesta ser fruto de un intenso trabajo interdisciplinar y múltiples diálogos en los que se han incluido las voces de 166 supervivientes de todo el mundo. Se presenta para buscar el compromiso de llevar a cabo prácticas seguras, éticas y eficaces, en las que se respalde el derecho de las personas supervivientes de la violencia sexual en la guerra y para crear una comunidad que respete y defienda el cumplimiento del derecho internacional. 

El Código Murad persigue fortalecer la justicia de las supervivientes en todo el mundo, así como, evitar daños a las víctimas causados por las malas prácticas en la investigación. Para ello anuncia ocho principios que deben ser respetados por quienes investiguen sobre estos crímenes y aplicarse en todos los contextos. Los ocho principios, lo cuales cobran sentido en su interrelación entre sí,  son: 

  1. Primero la persona superviviente, que deba estar siempre en el centro de cualquier intervención.
  2. Dedicar tiempo, conseguir el espacio necesario garantizando un entorno seguro y de respeto desde el punto de vista emocional y físico, priorizando en todo momento el bienestar de todas las personas implicadas.
  3. Comprender y conocer el contexto local, colaborando con actores locales y minimizando la repercusión del trabajo que se realice, como puede ser la estigmatización de las víctimas
  4. La preparación está en la base, respetando sus derechos y evaluando y mitigando cualquier riesgo con tal de evitar un impacto negativo en sus vidas. 
  5. Añadir valor o no seguir, así, únicamente se contactará con las personas supervivientes cuando sea estrictamente necesario. 
  6. Sistemas, competencias y continuidad, para asegurar un adecuado tratamiento, trato y apoyo apropiados a cada situación.
  7. Entrevistas respetuosas y seguras que partan del conocimiento y cumplimento de Código cuidando que no provoquen ningún daño, desde su inicio hasta su fin.
  8. Integridad y responsabilidad, en que la transparencia, la sinceridad y la libertad estén presentes y a disposición de quienes actúan en todo momento.

El borrador del Código Morad se encuentra en fase de consulta a nivel global a  personas investigadoras, diferentes personas implicadas, personas destinatarias y beneficiarias del trabajo, con el fin de un posterior desarrollo de mejora.

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