Concepción Arenal percute desde la conciencia de las personas. Así habló a pobres y a ricos, a obreros y a patronos, a hombres y a mujeres, a quienes han delinquido y a quienes tienen la responsabilidad de devolverlos mejorados a la sociedad … .

“No vemos más medio de combatir eficazmente la inmoralidad brutal de abajo, y sensual y refinada de arriba, que oponerse a la preponderancia de los sentidos cultivando las facultades más elevadas”; escribía en La instrucción del pueblo (1881).

Y, por eso, trató de liberar a las mujeres de su tiempo de atavismos patriarcales:

“Es un error de los más perjudiciales, inculcar a la mujer que su misión es la de esposa y madre; equivale a aniquilar su yo moral e intelectual” ( ) “lo primero que necesita la mujer, es afirmar su personalidad, independiente de su estado, y persuadirse de que, soltera casada o viuda, tiene deberes que cumplir, derechos que reclamar, dignidad que no depende de nadie, un trabajo que realizar, e idea de que es una cosa seria y grave la vida y que si la toma como juego, ella será indefectiblemente juguete”, venía explicando años atrás y formulará en el Congreso Pedagógico Hispano-Portugués (1892)

Estamos ante una “reformadora moral”, abierta a las diferentes religiones y a la laicidad. Actuó de manera integral en la vida social, las administraciones públicas, la política y el derecho, llegando a abrir sus horizontes internacionalmente donde sus aportaciones fueron muy bien valoradas.

Ella en mitad del siglo XIX, asumió la tarea de despertar los sentimientos de humanidad en todas las clases sociales. Su mirada desde la dignidad humana orientada a establecer niveles de justicia social, resultó incansable y militante. Atender a los intereses de los más pobres era una obligación social, y también reformar el sistema penitenciario: “en lugar de economías hay que hacer desembolsos”( )”La civilización es más cara que la barbarie, pero es productiva en mucha mayor proporción”( )”¡Desdichado el pueblo en que la última de sus necesidades es la justicia! Ella cobrará en lágrimas y sangre, el terrible rédito de las sumas que se le ha negado”, explicaba A todos  (1869)

Brindamos junto a ti, amiga de corazón e inteligencia, por la elevación de la humanidad más razonable, más libre, más redistributiva, más fraternal

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