Rohingya. Save the Children

Tras muchos años de pobreza y ante la ausencia de perspectivas de futuro, cada vez más mujeres y niñas rohingya están escapando de campamentos para personas refugiadas en Bangladesh y Myanmar, a través de rutas de narcotráfico.  Actualmente en estos campos se estima que viven unas 900.000 personas, un 80% son rohingyas que sufren un fuerte racismo y la consecuente falta de oportunidades en salud y educación. 

Las autoridades competentes señalan que durante los dos últimos años han interceptado a cientos de personas rohingyas que arriesgan su vida con tal de salir de esos campamentos. Del mismo modo, la ONU apunta que, además, cada vez son más las mujeres que tratan de escapar. Muchas de ellas, además, son adolescentes enviadas para casarse en Malasia, según la especialista en Derechos Humanos, Putanee Kangkun. 

Ante este crecimiento en un tiempo reducido de la proporción de mujeres, asociaciones y organismos que trabajan en estas zonas han investigado cuál es el motivo que las lleva a más a arriesgar la vida de esta manera.  Cuando son preguntadas, las mujeres tienen una respuesta clara, emprender estas rutas es la única manera para protegerse del alto riesgo de violencia sexual y de género

Las chicas y mujeres que han escapado explican que es un lugar peligroso para ellas, por amenazas, secuestros y diferentes formas de violencia.  Dilda Begum, una joven rohingya de 16 años que ahora vive en Malasia, explicó que su madre la envió hace dos años a casarse en Malasia con la esperanza de protegerla de la violencia del campo

El viaje en sí mismo ya supone un gran riesgo. Hay muchas chicas que señalan cómo eran golpeadas de forma sistemática y se les negaba el agua y la comida. La fundadora de la Red de Desarrikki de Mujeres Rohingya, Sharifa Shakirah, alerta de que estas historias son muy comunes, las niñas son violadas por los traficantes, vendidas, secuestradas o asesinadas. 

Cuando llegan a Malasia la situación no es especialmente mejor, puesto que continúan considerándolas inmigrantes indocumentadas, y, por tanto, se ven expuestas a arresto y deportación. Además, grupos de derechos humanos están alertando sobre el negocio que se está moviendo para pagar por chicas rohingya para casarse. Una vez llegan allí, se ven atadas a estos matrimonios forzosos y en la mayoría de las ocasiones acaban viviendo en condiciones de esclavitud.

Pese a todos estos riesgos, las ONG y entidades alertan de que las mujeres y niñas siguen dispuestas a emprender la travesía ya que no se cuenta con ninguna alternativa.  Por el momento, a nivel político, en Bangladesh no se están tomando medidas, han aumentado las restricciones a la libre circulación y el uso de internet, al tiempo que restringen el acceso a la escolarización y al trabajo legal.

Ante esta tendencia tan creciente de violencia extrema hacia las mujeres rohingya, cada vez es más necesaria la respuesta internacional. Ya son muchas las personas que trabajan desde diferentes asociaciones y entidades para combatir esta situación. La realidad muestra de nuevo que la solidaridad femenina y el trabajo en base a evidencias científicas es fundamental para acabar con la comercialización de nuestros cuerpos, especialmente por aquellas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad extrema.

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