El profesorado que trabajamos en centros educativos estamos sensibilizados en la prevención de la violencia de género y nos comprometemos a su erradicación. Sabemos que esta lacra social también se cuela en las escuelas y en los institutos, pero ¿qué se hace al respecto? La respuesta es poco. Noticias como la agresión sexual a una alumna en los aseos de un instituto de Valencia por parte de tres compañeros son la punta del iceberg que visibiliza que los centros educativos son entornos donde también está presente la violencia de género. Y es así porque ésta se encuentra inherente en la sociedad y, por tanto, puede impregnar cualquier contexto. Y lo aún más inquietante, que muestran los datos o noticias como la que nos ocupa, es que las víctimas son cada vez de edades más tempranas.

Es por ello que, sin el propósito explícito de toda la comunidad educativa, un centro nunca será un espacio seguro y libre de violencia de género solo por el hecho de ser un espacio escolar. Pero hay dos buenas noticias. 

Una, que los centros educativos sí podemos hacer mucho por la erradicación y prevención de la violencia de género. Aunque, siendo así, ¿por qué no se está haciendo ya?, ¿por qué los centros no están priorizando esta emergencia ante la gravedad de la realidad a la que se exponen niñas, niños y adolescentes en su día a día? Los estudios señalan que la violencia de género ya se va gestando desde las primeras edades por lo que es clave intervenir desde la etapa educativa de la educación infantil, si no, es en la adolescencia cuando los casos son ya más alarmantes y por ello saltan a la luz pública.

En la respuesta quizá converjan varias razones. No obstante, sobre la que más se incide en estos momentos es sobre la falta de una formación del profesorado, basada en evidencias científicas y avalada por los resultados obtenidos, que sensibilice ante esta problemática y capacite en la detección, intervención y prevención de manera eficaz. Algo que debería estar ocurriendo por ley tanto en la formación inicial como permanente del profesorado desde la publicación de la LO 1/2004, pero que investigaciones muestran que no es así. Pese a esto, el profesorado no puede eximirse de obviar que, como profesionales, tenemos la guarda y custodia de nuestro alumnado cinco horas al día, y, por tanto, somos responsables y tenemos la obligación de protegerlos.   

La segunda buena noticia es que ya hay centros que están actuando y obteniendo resultados muy positivos a través de la implementación de la actuación educativa de éxito modelo dialógico de prevención y resolución de conflictos.  Ahora el sueño es que esta realidad sea la de todo centro escolar. Porque, en palabras de Jesús Gómez, “Todas las chicas y chicos tienen derecho a una educación que les permita desarrollar unas relaciones afectivo-sexuales satisfactorias y no les condene desde su infancia a relaciones problemáticas antesala de una vida insatisfactoria.”

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