La periodista Jocelyn Gecker de la agencia Associated Press (AP en adelante) ha podido hablar con ocho cantantes y una bailarina que denuncian presunto acoso sexual por parte del reconocido cantante de ópera Plácido Domingo. Además de con las víctimas, AP ha podido hablar con seis mujeres más vinculadas al mundo de la ópera quienes afirman conocer presuntos casos de acoso por parte de Domingo, y haber sufrido intimidaciones. AP también habló con casi tres docenas personas, cantantes, bailarines, músicos de orquesta, personal técnico, maestros de canto y administradores, que dijeron haber presenciado comportamiento inapropiado de índole sexual por parte de Domingo, y que presuntamente perseguía a mujeres más jóvenes con impunidad.

Por miedo a represalias dentro del sector, de entre las nueve presuntas víctimas solo se ha identificado la mezzosoprano Patricia Wulf. Todos los testigos coinciden en afirmar que, como consecuencia de los tratos recibidos por Domingo, existía un código de apoyo no explícito entre ellas con el fin de no quedarse solas o en situaciones de riesgo con él, por ejemplo, acompañándose al baño, procurando que ninguna cenara sola con él o tratando de evitar quedarse en un ascensor a solas. A pesar de que las presuntas conductas de Domingo eran conocidas y habladas en su entorno con el fin de proteger a las posibles víctimas, no ha sido hasta el momento del #MeToo que las presuntas víctimas se han atrevido a explicar el acoso sufrido de forma pública, sabiendo que la denuncia pública es una forma eficaz de prevención de otros posibles casos de acoso. Las denunciantes afirman haberse sentido presas por la situación de poder que él ejercía sobre ellas, que le daba permiso para presuntamente abusar de ellas. En alguno de los casos, cuando las chicas trataron de alejarse de él para poner fin al abuso, nunca más las contrataron. Las cantantes afirman haber sufrido  ataques de pánico ante el presunto acoso reiterado.

Por su parte, Domingo ha respondido a las acusaciones con un comunicado en el que afirma que las reglas y valores con los que hoy nos medimos son muy distintos a los del pasado, con lo cual justifica su conducta a un tema contextual y de masculinidad, lo cual se contradice con las aportaciones de sociólogos relevantes como Michael S. Kimmel quien ya en 1987 ya planteaba el debate sobre los hombres que se posicionaron junto al feminismo en los siglos XIX y principios del XX. 

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