La anticoncepción hormonal es el segundo método contraceptivo más utilizado en España, después del preservativo. Entre las formas más comunes se encuentran las tomadas por vía oral (píldora anticonceptiva) o insertada en la vagina (anillo anticonceptivo). Estos métodos detienen la liberación del óvulo por parte del ovario o mantienen la mucosa del cuello uterino con densidad tan espesa que dificulta el paso de los espermatozoides hasta el útero previniendo así que el óvulo sea fecundado.  

A lo largo de los años han sido varias las publicaciones científicas que han advertido de los efectos secundarios físicos y emocionales de la toma de hormonas. Con referencia a la salud sexual, posibles efectos son la alteración de la excitación, la falta de deseo sexual, o la incapacidad para alcanzar el orgasmo. Por lo contrario, muy pocos estudios se han centrado en el cerebro y la cognición, a pesar de estar científicamente probado que alteran los patrones de activación cerebral de las mujeres.

En el año 2016, un estudio danés recibió mucha atención ya que, después de analizar más de un millón de mujeres danesas, los datos mostraron que las mujeres que tomaban la píldora tenían un 23% más de probabilidades de acabar tomando antidepresivos que las mujeres que no usaban anticonceptivos hormonales. En la misma línea fueron los resultados de un estudio científico posterior donde se halló que la probabilidad de suicidio es aproximadamente tres veces mayor para las mujeres que toman la píldora que para las mujeres que no. Además, agrega que el riesgo es mayor en las adolescentes, principalmente entre los 15 y los 19 años.

A principios de 2019 la Agencia Europea del Medicamento (EMA) se pronunció al respecto. Según informó, depresión y tendencias suicidas podrían ser parte de los efectos secundarios que estas píldoras causarían en sus consumidoras. La EMA recomendó a los comercializadores de estos medicamentos que incluyeran dicha información en los envases, pero, por ahora, es sólo una recomendación. El Instituto Federal Alemán para los Medicamentos (BfArM) fue un paso más allá anunciando que quienes venden este medicamento deben advertir a las consumidoras que en el momento de detectar cambios de ánimo anormales deben consultar a un médico.  

Cada vez son más las investigaciones que relacionan el uso de anticonceptivos hormonales con un estado de ánimo de tendencia depresiva, con cambios emocionales o con la salud mental en general. El problema de dicha relación es que cada mujer reacciona de manera diferente pues, si bien algunas son extremadamente sensibles a las hormonas, otras no perciben cambio alguno. Dado el gran alcance de estos medicamentos y, normalmente, su uso durante largos periodos de tiempo, es primordial que todas las mujeres conozcan que, además de los efectos secundarios ya conocidos de los anticonceptivos hormonales, también pueden estar vinculados a un ánimo depresivo.

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