El feminismo siempre ha sido contrario a los concursos de belleza, por lo general femeninos, mas ahí están. Los poderes públicos o privados los siguen convocando y las mujeres continúan presentándose como candidatas. Dado que, por el momento, no hay solución, valga aplaudir que en Estados Unidos tres mujeres negras hayan ganado tres premios de belleza en pocos meses.
Primero fue Nia Malika, elegida miss América en septiembre del año pasado. Luego han sido Kaliegh Garris y Cheslie Kryst, coronadas respectivamente miss Teen USA y miss USA a principios de este mes de mayo. Los medios de comunicación no se han abstenido de comentarlo como un gran progreso en favor de la igualdad de oportunidades y de la eliminación de prejuicios raciales. Incluso se ha destacado el hecho de que las tres galardonadas se presentaron sin disimular sus cabellos rizados, algo que, al parecer, hasta ahora las desfavorecía.
Por añadidura, Cheslie Kryst, abogada, tiene previsto competir para ser proclamada miss Universo. Casi nada, la más bella del mundo frente a cualesquiera de las bellezas blancas. Aunque la mayoría de las mujeres concienciadas desaprueben esta clase de concursos, incluso cuando pueda no ser comprensible que una abogada se preste a semejante cosificación, quizás convenga observarlo desde un ángulo positivo. Mujeres negras y hermosas desafiando a los racistas, de igual forma que Barak Obama, en un parámetro superior, los desafió rompiendo barreras al ser el primer presidente negro de los Estados Unidos. Despacio pero con seguridad. Por fortuna, así avanza el mundo en muy diversas materias.
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