International Counter Terrorism Youth (ICTY) es una innovadora red internacional de jóvenes, estudiantes universitarias y universitarios, profesionales de la academia  y responsables políticos en el campo de la seguridad internacional y la lucha contra el terrorismo. ICTY se configura como una plataforma para facilitar la comunicación y el intercambio entre los profesionales del campo con el fin de construir una comunidad interconectada que impulse soluciones de vanguardia y proyectos de investigación en profundidad. En definitiva, un espacio de colaboración que ayude a ampliar y llevar más lejos las capacidades y proyectos individuales de todas las personas que desarrollan su actividad en el campo de la seguridad y la lucha contra el terrorismo.

Una de las publicaciones que podemos encontrar en su web es Comunidades Contra el Crimen Organizado (Communities Against Organized Crime), que destaca por analizar dos casos en los que se están implementando medidas para hacer frente a la delincuencia local, uno de los tentáculos de las poderosas redes criminales. Son el proyecto para la comunidad CashBack en Escocia y el Comité AddioPizzo en Sicilia. Ambos, a pesar de llevar a cabo actuaciones diferentes, están consiguiendo transformar sus contextos con éxito y atajar la delincuencia gracias a un factor fundamental: la participación y el involucramiento de la comunidad. Los enfoques más clásicos basados en el endurecimiento de las medidas, ya sea en la respuesta policial o de la aplicación de la ley, aunque han avanzado mucho, demuestran no ser suficientes. La exclusión y las desigualdades socioeconómicas, así como la falta de oportunidades en la educación y el empleo, son las principales fuentes de alimentación del crimen organizado.

Nuestra intención hoy es dar a conocer el caso de Escocia, país que ha vivido un incremento en los últimos tiempos en la actividad por parte de las redes del crimen organizado que operan principalmente en este caso en el tráfico de drogas, extendiendo el miedo en las comunidades afectadas, así como la perpetuación del estigma y la exclusión de ciertos grupos sociales a través de la difusión y el calado entre las y los más jóvenes de referentes negativos vinculados al mundo de la delincuencia. El aumento de esta problemática ha empujado a las autoridades pertinentes a  buscar estrategias de éxito para su solución y desde 2009 diferentes sectores de la sociedad civil colaboran en torno a cuatro estrategias: “desviar, alentar, detectar e interrumpir”.

En este sentido, cuando se refieren a “desviar” significa trabajar por cambiar las trayectorias personales de quienes sufren riesgo de acabar en la delincuencia, ya que el crimen y las mafias se ceban allí donde hay desigualdades y falta de oportunidades en educación y empleo, por lo que resulta muy complicado para las y los jóvenes no acabar participando en actividades ilegales.

CashBack, cuyo principal objetivo es reducir la desigualdad para jóvenes en riesgo de exclusión social, es un programa que lleva implementándose desde 2007. Consiste en el retorno a la comunidad de los fondos procedentes de actividades delictivas a través de una estructura configurada por proyectos sociales que se engloban en cinco áreas principales: cultura, empleabilidad, deportes para el cambio, deportes y juventud, a través de las cuales se invierte en la juventud más afectada en su potencial, ayudándola a realizar sus proyectos e ideas. Otro de los aspectos destacables de CashBack es la red de voluntariado que moviliza y que se nutre también de las propias comunidades donde se implementan los proyectos, ofreciendo a los y las jóvenes que se involucran la oportunidad de mejorar su propio entorno, realizar actividades sociales y tejer redes de colaboración para diseñar soluciones de cara a la erradicación de la delincuencia y el crimen organizado. Además, les posibilita desarrollar un sentido de pertenencia al espacio común, del cual se sientan motivados a hacer un buen lugar para vivir.

En un contexto en el que una parte de la problemática radica en que los criminales se muestran como modelos de atractivo a los que envuelve una especie de “aura fascinante”, en que incluso determinados contenidos audiovisuales contribuyen a cargar de atractivo y excitación, es fundamental romper con esa percepción social con el fin de transformar y redirigir la mirada y las aspiraciones de la juventud hacia otro horizonte. Por ese motivo, uno de los lemas del Programa dice “el crimen no paga”, con el fin de hacer entender que no solamente está robando lo que es propio y de todos y todas, sino que además aquello que es de la comunidad va a volver a la comunidad, gracias a la comunidad, que es la única interesada en hacerla florecer en el marco de la legalidad, la seguridad, la igualdad, la justicia y la libertad.

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