Estos últimos días han salido a la luz varias denuncias de acoso sexual en la universidad.  Tal y como se ha ido recogiendo a lo largo de la serie Omertá y otros artículos como “La motivación de las personas bystander de intervenir en casos de bullying”, es muy importante alzar la voz, denunciar, pero sobre todo ser bystander. Esto significa que, ante sospecha o conocimiento de algún comportamiento que podría derivar o que ha acabado en una situación de acoso, no hay que callar sino informar.

La Vanguardia recogía recientemente la iniciativa de sancionar a los alumnos y alumnas que silencien casos de abuso escolar o bullying. El decreto propuesto entraría en vigor en próximo curso y obligaría al alumnado a informar al profesorado de cualquier caso de acoso escolar que conozcan.

 

Con esta medida se pretende, por un lado, eliminar los suicidios entre menores que han sufrido acoso escolar y, por el otro, concienciar desde edades tempranas de la importancia de no quedarse de brazos cruzados ante este tipo de injusticias.

 

Ya existen actuaciones de éxito como El Club de los Valientes que pretende educar en la prevención de la violencia desde los cero años y que ha revertido la figura del “chivato”, transformándola en la de una persona valiente, que cuida y protege a los demás ante la vulneración de los derechos de una persona víctima de acoso escolar.

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