unsplash

El papel de las personas “bystander”, aquellas que observan un caso de acoso, bullying o discriminación, sigue siendo objeto de análisis en la resolución de problemas en los diferentes espacios para la superación de la violencia.

El estudio “Bystander Motivation in Bullying Incidents”: To Intervene or Not to Intervene?” [Motivación de la persona espectadora en incidentes de acoso escolar: ¿Intervenir o no intervenir?], publicado por Robert Thornberg, Laura TenenbaumKris Varjas, Joel Meyers, Tomas Jungert y Gina Vanegas, pretende promover conocimiento sobre las distintas motivaciones que llevan a las y los testigos a actuar en casos de bullying o a dejar de hacerlo. Los objetivos principales de este estudio fueron, por un lado, investigar las razones que existen detrás de las decisiones de los niños y las niñas para ayudar o no a una víctima cuando presencian un caso de acoso escolar; y, por otro, generar una teoría fundamentada sobre la motivación del Bystander en situaciones de bullying.

Para obtener una comprensión profunda de las perspectivas y preocupaciones de las niñas y los niños al presenciar acoso escolar, la recogida y análisis de la información de este artículo se llevó a cabo mediante la metodología cualitativa. En el estudio participaron 30 estudiantes de entre 9 y 15 años de una escuela de primaria y secundaria en el sureste de Estados Unidos. Se utilizaron entrevistas abiertas y semiestructuradas, en unas sesiones de entre 30 y 45 minutos cada una.

El análisis cualitativo sugiere los siguientes aspectos relacionados con los motivos del bystander para intervenir: la interpretación del daño en la situación de intimidación, las reacciones emocionales, la evaluación social, la evaluación moral y la autoeficacia de la intervención. Así, resulta relevante la elaboración de un marco conceptual sobre la motivación de los espectadores o testigos para intervenir en situaciones de bullying. Según este marco, el hecho de decidir si ayudar o no a la víctima en una situación de acoso depende principalmente de tres aspectos: cómo los espectadores definen y evalúan la situación, el contexto social y su propia agencia.

Teniendo en cuenta lo que hace a los testigos intervenir o dejar de hacerlo, para futuras investigaciones los y las autoras describen tres aspectos principales: 1) comunicación con los niños y las niñas, transmitiéndoles que los adultos quieren que aquellas y aquellos que son bystanders intervengan ante una situación de bullying; 2) la importancia de la educación directa sobre cómo estos bystanders pueden intervenir para aumentar la autoeficacia de los niños y niñas como defensoras de aquellos que son víctimas de bullying; 3) el tercer aspecto incluye la suposición de que puede ser efectivo alimenta la creencia de los niños y niñas de que el bullying es moralmente incorrecto.

Se sigue evidenciando así el papel activo de cualquier persona que es espectadora de un hecho, compartirlo con alguien, ser upstander y así contribuir a la lucha contra la violencia a cualquier edad y en cualquier espacio.