Rosa Parks y Lori Lightfoot

Mucho tiempo ha transcurrido y muchas cosas han cambiado desde que Rosa Parks se atreviera a desafiar al racismo ocupando en un autobús uno de los asientos reservados a los blancos. Sucedió en  Montgomery, Estados Unidos, el año 1955. A su muerte, en 2005 y habiendo cumplido 92 años, muchos de los trazos racistas norteamericanos habían sido eliminados. Cuatro años después de su fallecimiento, un negro alcanzaría la presidencia del país, algo inimaginable durante el lance que la hizo famosa y que ella merecía haber conocido. Tampoco ha podido ver cómo una mujer negra, y además lesbiana, ha roto asimismo barreras al ser elegida alcaldesa de Chicago. Una afroamericana, Lori Lightfoot, administrará una urbe de 10 millones de habitantes, y ha celebrado su victoria junto a su pareja y la hija adoptiva de ambas, de 11 años de edad. “Esta es una ciudad donde no importará tu color o a quién ames, siempre que ames con todo tu corazón”, ha declarado.

El mundo progresa, pese a que aún existen lagunas tenebrosas. Tanto en Oriente como en Occidente. Tomemos como paradigmas Brunei por un lado, Estados Unidos por otro. El sultán del país asiático ha decretado la ejecución por homosexualidad, así como por adulterio. Ha impuesto que a los ladrones se les ampute la mano derecha, y el pie izquierdo si reinciden. Cuando la civilización avanza, Brunei retrocede en los anales. No obstante, continua perteneciendo a la Commonwealth, continúa siendo miembro de la ONU. Seguramente, porque continúa poseyendo reservas de gas y de petróleo.

Se trata de un Estado islámico, mientras que, en el otro extremo del planeta, un Estado cristiano como es Estados Unidos también adolece de oscurantismos. Sucesor del progresista Barack Obama, el actual presidente, Donald Trump, hace caso omiso de las consecuencias del cambio climático. Indiferente al deshielo del Ártico y del Antártico, ciego a catastróficos fenómenos telúricos propulsa el uso de las energías fósiles. Por añadidura, caprichoso como un irracional empresario privado, destruye a su antojo fructuosas relaciones internacionales, o agudiza enfrentamientos como en el caso de Israel y Palestina.

A trompicones se pergeña la civilización, entre lo negativo y lo positivo. Las dos mujeres mencionadas han escrito episodios esperanzadores. Lo han hecho con 64 años de diferencia, impulsando en ambas ocasiones el mundo hacia mejor.

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