Maria Felicia // Wikipedia

María Felicia García Malibrán, cantante de ópera, es considerada una de las cantantes más importantes de la primera mitad del siglo XIX. Francesa de origen español, nació en 1808 y murió en 1836.

Pertenecía a una familia de músicos, cantantes de ópera y compositores. De hecho su padre fue un famoso tenor de la época, Manuel García,  y su madre, la soprano Josefina Siches.

María Felicia tenía un gran talento y se formó musicalmente con su padre en Nápoles, París y Londres. Estudió también con Ferdinand Hérold y Auguste Panseron. La severa  disciplina con la que su padre dirigió su formación junto con su propia genialidad hicieron que la cantante adquiriera una técnica musical prodigiosa, así como un gran conocimiento de la armonía y la composición.

Su debut tuvo lugar en el Royal Theatre de Londres, como la protagonista de la obra de Rossini El Barbero de Sevilla. También interpretó La Creación de Haydn o El Mesías de Händel. Todas sus actuaciones fueron ensalzadas por su bella interpretación. Un crítico de la época la definió como el nacimiento de una nueva artista, original y extraordinariamente talentosa.

María Felicia fue un fenómeno musical. Su técnica dominaba la coloratura con facilidad: trinos, escalas, arpegios y cambios de registro. María Felicia, junto con Giuditta Pasta, poseían un tipo de voz llamado soprano sfogato, esto es, una voz de soprano extensísima pero de un origen de contralto y que, por lo mismo,  evidenciaba colores oscuros en algunas zonas del registro. Esta tipología vocal muy extraña tenía la facultad de ofrecer momentos de intenso dramatismo y, a la vez, momentos de vocalidad pura.

Su talento era tan extraordinario que los mejores compositores de la época como Franz Liszt, Rossini o Félix Mendelssohn querían que interpretara sus obras.

En Estados Unidos la denominaban La Signorina, por su talento y su belleza,  de modo que María Felicia se convirtió en foco cultural de Nueva York. De nuevo en París, Mercedes Santa Cruz la apoyó y la ayudó en su vuelta a la ópera parisina y la cantante se movió en los círculos intelectuales de la época.

María Felicia es una de las primeras divas de toda la historia del Bel Canto, una de las principales voces del Romanticismo, así que fue considerada un ícono del Romanticismo. Rossini dijo de ella que era de las más grandes cantantes que había conocido.

Además, asombraba al público y a la crítica por su talento dramático. Tanto en la comedia como en el drama, cada heroína que interpretaba era única.                

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