La Iniciativa de Naciones Unidas para la Educación de las Niñas (UNGEI) -grupo de trabajo global comprometido en poner fin a la violencia de género en las escuelas- ha conseguido visibilizar el acoso y el abuso que sufren las niñas y adolescentes tanto dentro de la escuela como en su entorno más cercano. Lo ha hecho a través de la alarmante cifra que estima en 246 millones de niñas y adolescentes, las víctimas de algún tipo de violencia por razones de género, dentro o en las inmediaciones de los centros educativos. Un dato que especialmente preocupa cuando la violencia tiene por cara a un profesor y por contexto, la escuela.

La evidencia considera la escuela como un espacio privilegiado para trabajar objetivos como la igualdad entre hombres y mujeres, o una educación de calidad que se posicione con tolerancia cero ante cualquier tipo de violencia. Es por esto que ambas metas figuran entre los Objetivos de Desarrollo Sostenible  (ODS) establecidos para el 2030 y la ONU Mujeres y el Fondo de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) cuentan con una guía dedicada expresamente a la violencia en las aulas, en los patios o el camino a clase. Alguna de sus campañas fue publicada en este medio.

Según muestran las investigaciones, las consecuencias de que niñas o adolescentes sufran violencia de género en la escuela, no solo amenaza su salud física y emocional, sino que también lastra su desarrollo cognitivo y educativo a medio y largo plazo, perjudicando las posibilidades de las niñas de romper el “círculo”.

Se trata de datos que publica Europress tras declaraciones de Dina Deligiorgis, experta de ONU Mujeres para la erradicación de la violencia, quien advierte que la violencia contra niñas, niños y mujeres no refleja solo “casos aleatorios” cometidos por unas pocas personas, sino que evidencia un patrón que se cuela en familias, centros de trabajo o centros educativos. Se considera un fenómeno global, especialmente preocupante en contextos de vulnerabilidad, donde la víctimas no solo sufren los abusos, sino también el estigma que conlleva.

Una de las claves que se subraya desde el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) o desde Human Rights Watch (HRW) en la lucha para su erradicación, es promover la investigación y el procesamiento de los casos con el fin de conseguir visibilizar la problemática de la violencia en los centros educativos con más detalle.

Deligiorgis declara que la violencia es una expresión de poder y de control. Es una expresión del poder y del control de los hombres sobre las mujeres y las niñas. Denuncia que los desequilibrios sociales y estructurales mantienen privilegios a cierta parte de la población. Y añade que entendiendo de esta forma la violencia, se comprende qué hace falta para prevenirla.

Por ello Deligiorgis considera que, en el ámbito educativo, es necesario romper con las estructuras tradicionales para garantizar el éxito educativo de las niñas y adolescentes al menos hasta el final de la etapa de educación secundaria, en las mismas condiciones que lo consiguen sus compañeros varones. Y aprovechar los marcos educativos para implicar a toda la comunidad en la promoción de valores, creencias y prácticas para la igualdad, el respeto a la diversidad, la masculinidad positiva y la no violencia.

En definitiva, transformar las escuelas en espacios seguros para todas y todos. Un sueño hecho realidad a través de la implementación del modelo dialógico de convivencia. Escuelas que están mejorando la vida de las niñas y niños que allí acuden diariamente.

 

Secciones: subportada

Si quieres, puedes escribir tu aportación