La intervención de una persona que decidió no permanecer impasible permitió poner a salvo a dos niñas de 9 y 11 años que habían escapado de un apartamento en Los Ángeles y activar una investigación que identificó a una tercera presunta víctima, de 12 años.
El miércoles pasado, la policía de Los Ángeles recibió una llamada por un posible caso de maltrato infantil. Según lo publicado en NBC Los Angeles, dos niñas de 9 y 11 años consiguieron escapar del apartamento donde, presuntamente, eran maltratadas por su madrastra. La persona adulta que decidió ayudarlas las llevó a un lugar seguro, permaneció con ellas y llamó al 911. A partir de su intervención y de la llamada a las autoridades competentes, se pudo poner a salvo a las niñas; fueron trasladadas al hospital y quedaron bajo la custodia del Departamento de Servicios para Niños/as y Familias de Los Ángeles. Según la información disponible, las niñas dijeron que eran maltratadas y encerradas en una jaula, la mujer sospechosa fue detenida por dos delitos graves de tortura y por tres cargos de maltrato infantil, presuntamente ocurridos entre el 1 de febrero y el 2 de septiembre de 2026. La tercera niña, a partir de esta actuación, también pudo ser protegida por los servicios competentes.
De observar a intervenir para proteger
Este caso demuestra la importancia de las personas que pasan de ser simples observadoras a convertirse en upstanders: quienes, al detectar una posible situación de violencia, no miran hacia otro lado, escuchan a quienes piden ayuda y actúan para protegerlas. La persona actuó conforme a lo recomendado por las instancias oficiales y a las evidencias científicas disponibles. Ofreció un espacio seguro a las niñas, permaneció junto a ellas y llamó a emergencias; fue decisivo para su protección. La acción de esta persona se sumó a la de las propias menores, que consiguieron escapar y pedir ayuda.
La investigación científica respalda la importancia de estas respuestas. Un estudio publicado en Child Abuse & Neglect, realizado con 946 personas adultas de California, examinó los factores asociados a la decisión de denunciar o intervenir ante posibles casos de maltrato infantil. Sus resultados muestran que la eficacia colectiva de la comunidad puede incrementar la disposición a actuar personalmente en defensa de las niñas y los niños. El trabajo también alerta del riesgo de minimizar comportamientos abusivos cuando ocurren en entornos cercanos y destaca la necesidad de ayudar a la ciudadanía a reconocerlos e intervenir.
La actuación de la persona que abrió la puerta y llamó a emergencias, recuerda que actuar como upstanders es clave para conseguir como en este caso tres niñas puedan estar libres de la situación de violencia. Escuchar, ofrecer protección inmediata y solicitar la intervención de los servicios competentes puede convertir una petición de ayuda en el comienzo de una vida alejada de la violencia. Y en muchas ocasiones la decisión está en nuestras manos, o ayudamos o lo contrario.
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