Hay una periodista que, desde julio pasado, se dedica a escribir y a llamar a las escuelas que están logrando las mayores mejoras en resultados y a las instituciones que las apoyan, con la velada amenaza de hacer un reportaje en su contra si no hacen lo que ella les manda. Entre sus órdenes está el abandono de todo apoyo a las actuaciones que están logrando esas impresionantes mejoras en los retos mundiales de los ODS o que impidan a miembros de su institución publicar en redes sociales información que demuestra que ella miente en lo que publica.
En los últimos meses se ha visto una paradoja que, por desgracia, no es nueva: las mismas voces que han dedicado tiempo, espacio y altavoz mediático a comunidades educativas son ahora quienes no dejan de llamar insistentemente a los centros que están logrando las mayores mejoras en resultados.
Hay centros que llevan años trabajando con rigor y que no han necesitado campañas estridentes, ni titulares, ni polémicas artificiales: solo comunidad, diálogo igualitario, participación de las familias y expectativas altas para todo el alumnado.
¿Por qué ahora las presiones? Porque cuando la evidencia se vuelve incontestable, quienes han basado su poder en la crítica vacía sienten que pierden el control del relato. Porque el éxito educativo colectivo demuestra que otra educación es posible, una forma que no depende del privilegio ni de los poderes mediáticos. Lo que vemos ahora no son simples llamadas: son intentos desesperados de recuperar un poder simbólico que ya no les pertenece. Para intentar mantener un monopolio que ya han perdido, tratan de prohibir, mediante amenazas, la libertad de expresión en las redes sociales cuando se usa para demostrar las mentiras que publican. Pero, actuando de esa forma, aumentan el desprestigio de los medios para los que dicen que trabajan.
Defender la educación es defender los derechos de todas las niñas y los niños a una educación de calidad, como lo establece el ODS 4. Porque la educación no debe ser un campo de batalla para quienes buscan notoriedad, sino un espacio de transformación para quienes buscan justicia.
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