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En los últimos meses he estado recibiendo presiones, intentos persistentes y reiterados de limitar mi libertad. Algunas personas me han dictado, en tono imperativo, cuándo, cómo, dónde y con quién debo hablar de determinados temas; si debo relacionarme o no con ciertas personas; con quién he de trabajar; con quién he de estar y qué he de hacer en mi tiempo libre; qué decisiones puedo tomar y cuáles no. Se permiten decidir sobre mí, concretamente como chica joven.

Cada coacción, de un tono tan insistente y agresivo que me ha hecho preguntarme: ¿quiénes son estas personas para hablarme así, para decidir por mí cómo debo actuar, pensar o relacionarme? Nunca antes había recibido estas coacciones con tanta insistencia, llegando incluso a seguir nuestros pasos y advertir a terceras personas para que no se relacionen con nosotras si no es bajo sus criterios, haciéndolas sentirse amenazadas. 

Algunas de quienes ejercen estas presiones son mujeres que se presentan públicamente como feministas. Hay quienes les otorgan credibilidad únicamente por esa etiqueta que ellas mismas se han atribuido: “si lo dice, por ejemplo, una “periodista” feminista, será que tiene razón, ¿no?”. Así hacen un mal uso de su cuarto poder, lo que perjudica enormemente al feminismo y al periodismo. 

Han tenido relaciones muy machistas y se atreven no sólo a criticar mis relaciones libres e igualitarias, sino también a ejercer verdadera coacción, amenazando incluso con represalias mediáticas si no me someto a sus órdenes. Trabajan en contextos con impunidad al acoso y ejercen coerción para que no trabajemos en los colectivos y proyectos libres igualitarios que nosotras decidimos. Nos critican hasta por cómo vestimos, y yo, por nada del mundo, iría vestida como ellas, pero respeto su opción de vestir como quieran. Critican las edades de las personas adultas con las que nos relacionamos, y yo, por nada del mundo, me relacionaría con quienes ellas se relacionan, pero jamás les impondría con quien tienen que relacionarse, y es que las feministas defendemos que cada mujer vaya como quiera y con quien quiera.

Hace unos días, una amiga me escribió tras ver en redes sociales la campaña de coacciones que muchas chicas jóvenes estamos sufriendo y me decía «no entiendo por qué esta insistencia». Si pensara que estas voces representan verdaderamente al feminismo, yo tampoco lo entendería. 

Las feministas que conozco, algunas de ellas que están en los barrios superando sus propias desigualdades y las de sus entornos y comunidades, y que sí contribuyen día a día al feminismo, no me dicen nunca, ni a mí ni a otras chicas, lo que debemos hacer. Tienen muy claro lo que significa la libertad porque son ellas las que la han trabajado y logrado para todas. 

La mayoría de mujeres tenemos como referentes a feministas de verdad. Por eso no vamos a ceder ante ninguna de las presiones que nos intenten imponer, vengan de quien vengan. 

 

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