Desde su surgimiento, el movimiento MeToo ha desencadenado una revolución cultural sin precedentes en todo el mundo, destapando historias de acoso sexual y abuso de poder en diversas esferas de la sociedad. Entre las áreas que se han visto particularmente afectadas se encuentran las instituciones de educación superior. El movimiento MeToo Universidad, impulsado por valientes sobrevivientes y personas aliadas, ha logrado importantes avances en la lucha contra el acoso sexual en el ámbito académico.

Hoy hace un año justo que la ruta del MeToo Universidad que recorrió más de veinte universidades de todo el país en menos de una semana empezó su recorrido hacia el sur, consiguiendo uno de los logros más importantes, la apertura de espacios donde las víctimas de acoso sexual y de violencia de género aisladora pueden hablar sin temor a represalias. Esto ha contribuido a romper el largo silencio que rodeaba este tema en las universidades. Las voces que antes se mantenían ocultas ahora se alzan con fuerza, exigiendo justicia y responsabilidad.

El paso de la ruta por Fuenteovejuna (todos y todas a una) dibujó un horizonte que pone fin al silencio y a las estructuras feudales que desde hace años han reinado en las universidades, creando un espacio donde cada vez más personas se atrevan a hablar y posicionarse. Más de un centenar de víctimas han contactado al movimiento tejiendo redes de solidaridad en todas partes para que ninguna víctima se quede aislada.

El recorrido hacia nuevos horizontes requiere del compromiso de todas las personas que solidariamente quieran posicionarse con las víctimas y quienes las apoyan, creando escudos que las protejan de ataques, revictimizaciones, difamaciones desde el respeto a la diversidad y el entusiasmo por unas universidades libres de acoso como estandarte.

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