Después de que muchas naciones prósperas dejaran de esterilizar forzosamente a las mujeres indígenas, Canadá continúa con esta práctica, según activistas, médicos, políticos y demandas colectivas en curso.

A pesar de las denuncias y las sanciones, la esterilización forzosa de las mujeres indígenas persiste, lo que pone de relieve el fracaso de Canadá a la hora de abordar su turbulento pasado colonial y la práctica en curso considerada una forma de genocidio.

Líderes indígenas y expertos estiman que al menos 12.000 mujeres se han visto afectadas desde la década de 1970, y periódicamente se escuchan quejas sobre esterilizaciones forzosas. La falta de datos exhaustivos hace difícil determinar el alcance exacto de la cuestión.

El gobierno canadiense ha reconocido las denuncias, afirmando que la esterilización forzada sin consentimiento informado es un delito y reconociendo la necesidad de eliminar la práctica. Sin embargo, se ha avanzado poco y el racismo sistémico en el sistema sanitario del país sigue teniendo efectos catastróficos en las comunidades indígenas.

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