Un hombre que fuerza a menores a las que da clases particulares es frenado por un grupo que se atreve a apoyar a sus víctimas que no pueden llevarle a juicio por haber prescrito la agresión que sufrieron. Para lograr mantener la impunidad con sus abusos, tiene que garantizar que nadie va a atreverse a apoyar a sus víctimas. Lo más eficaz para su propósito es lanzar anónimamente en las redes todo tipo de calumnias contra sus víctimas y quienes se han atrevido a solidarizarse con ellas.
Después ofrece esas calumnias a alguna institución o entidad permisiva a los acosos que también quiere acallar a quienes se solidarizan con sus víctimas. Esta entidad recoge las mentiras como denuncia contra el grupo solidario y la lleva a fiscalía. El abusador de menores y quienes se unen a él avisan a periodistas ávidos de escándalos que aumenten sus audiencias y les ofrecen ser entrevistados anónimamente. Esos periodistas las publican en sus medios.
Si algunas de las víctimas del abusador o miembros del grupo solidario llevan a la justicia a esos medios, ¿qué se pueden encontrar? Aunque aporten pruebas concluyentes que demuestran que las mentiras son totalmente falsas, los medios aducirán que el principio de libertad de expresión no les obligaba a comprobar la veracidad de los hechos denunciados sino solo la veracidad de si lo habían denunciado o no. Es decir, que no importa que esté muy claro que todo lo que dice el abusador sea mentira, el periodista solo tiene que comprobar que efectivamente lo ha dicho. También la “libertad de expresión”, les permite no eliminar esas mentiras ya que es cierto que el abusador las dijo. Los artículos de esos medios darán más credibilidad a las calumnias de las redes ejerciendo así una violencia de género aisladora que se convierte así en un linchamiento contra las víctimas y las personas que se solidarizan con ellas. De esa forma, se dará un ejemplo público de los que se hace con quienes se atreven a solidarizarse logrando que muy pocas mujeres y hombres se atrevan a hacerlo.
¿Y qué podemos hacer y hacemos las supervivientes y quienes nos solidarizamos con ellas?:
- Trabajar para que se desarrollen legislaciones que impidan llamar libertad de expresión a la violencia de género aisladora, como tampoco se llaman así el racismo o el odio.
- Mientras tanto, impedir que esa violencia de género aisladora, difundida por algunos periodistas, logre el efecto “calumnia que algo queda” dejando en nosotras y nosotros o en nuestros ambientes la más mínima sombra sobre las pocas personas realmente valientes que se solidarizan con las víctimas y supervivientes.
- Aclarar e informar de que, con la actual legislación, los medios no tienen la obligación de informar de hechos ciertos sino solo de los hechos que dicen anónimamente los informantes que eligen. Que hay periodistas excelentes que nunca elegirán informantes abusadores pero que hay otros que escogen los que puedan más morbo y audiencia, aunque sean abusadores reincidentes que así pueden continuar impunemente abusando de otras menores de edad.
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Participante en las Jornadas de 1976. Investigadora principal de la primera investigación I+D sobre violencia de género en las universidades españolas

