Todo el mundo podría entender que sufrir actos violentos tiene secuelas. Sea en un conflicto armado, sea en una pelea en la calle o sea por ser víctima de la violencia de género, las personas somos testigos de la gravedad que tiene actuar con violencia. La ciencia tiene por principio averiguar qué produce la violencia, por qué motivo ocurre y cómo hacer que no vuelva a pasar.

Para entender bien la Violencia de Género Aisladora (IGV), la sección Omertá de Diario Feminista ofrece múltiples evidencias y casos concretos de lo que este tipo de violencia implica y las consecuencias que tiene. En concreto, se trata de los ataques que reciben las personas que se posicionan a favor de las víctimas de la violencia de género. 

En esta misma línea, en el artículo Health and Well-Being Consequences for Gender Violence Survivors from Isolating Gender Violence, publicado en la revista científica “International Journal of Environmental Research and Public Health”, se ahonda en las consecuencias a nivel de salud y bienestar que la IGV tiene sobre las personas supervivientes de la misma. En base a tres testimonios de supervivientes de la IGV, se detallan los efectos de los ataques que recibieron tanto ellas como las personas que las apoyaron en su salud y bienestar. Del análisis realizado, destacan efectos sobre la salud de las propias supervivientes como ansiedad, pánico, estrés, nerviosismo constante, dolor intestinal, insomnio, depresión y miedo. La investigación también resalta más sufrimiento en las víctimas directas cuando quienes las apoyaron empezaron a sufrir los ataques y las consecuencias de la IGV.

La metodología comunicativa utilizada en esta investigación ha tenido mucho impacto debido a que se centra también en los elementos transformadores del diálogo igualitario entre personal investigador e investigado. Concretamente, las supervivientes tienen claro que sin el apoyo recibido no habrían podido superar la violencia sufrida. Los testimonios recogidos demuestran que la solidaridad, los cuidados y el empoderamiento ayudaron a cada una de las tres supervivientes a alzar la voz sobre lo que había pasado y decidir hacer algo para que ninguna víctima se volviera a sentir sola. Fruto de ello es la creación de la  Red Solidaria de apoyo a víctimas de violencia de género en la universidad.

 

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