Algunos medios de comunicación, contrariamente a las recomendaciones internacionales de periodismo ético, se dedican a resaltar las cualidades positivas de los presuntos agresores, cuando se trata de personajes públicos, o conocidos. El hecho de anunciar presuntas agresiones o abusos sexuales acompañado del listado de aportaciones relevantes de la persona (musicales, cinematográficas, literarias, científicas) desprestigia totalmente la noticia dada, generando duda e inseguridad sobre la fiabilidad o no de la denuncia.

Además, la relación entre un posible caso de acoso sexual por parte de una persona de relevancia pública con sus méritos en su profesión desvía la atención vinculando dos cosas que aparentemente no tienen ninguna relación entre sí. El hecho de ser muy buen literato, por ejemplo, no exime a nadie de ser un presunto agresor, sino su conducta personal.

Los medios de comunicación que tratan de resaltar los méritos de los presuntos agresores, en lugar de dar voz a las víctimas, las están cuestionando y revictimizando. Lo que muy probablemente no harían si el presunto agresor se tratara de una persona perteneciente a un grupo vulnerable o a una clase social baja. Proteger a algunos solo por su posición y estatus social, no contribuye ni a la superación de la violencia de género ni a la ética del periodismo.  

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