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En el siglo XIX se imponía a las chicas casarse y con quien hacerlo y ahora se impone a las chicas tener ligues y con quienes tenerlos, casi siempre con quienes las desprecian. La literatura científica ya ha dejado claro esta realidad que también podemos ver a nuestro alrededor si nos quitamos los anteojos opacos que nos impiden verla. Basta que leamos en las redes lo que dicen los “ligones” de las chicas con quienes han ligado o que simplemente escuchemos una de sus conversaciones en el tren. Claro que los anteojos opacos nos “protegerán” pensando que no es con ese tipo de chicos con los que han tenido ligues las chicas que conocemos. Puede debatirse si nos protegen o no, pero las evidencias científicas dejan claro que así no apoyamos su libertad para ligar o no y con quienes hacerlo o no hacerlo.

En los años cincuenta, un sector del capital generalizó la marcha nocturna. Lograron que una parte del sueldo que jóvenes entregaban en casa (mientras vivían con sus familias) se dedicara a ese consumo de ocio. El negocio necesitaba crear una motivación para lograr que pagaran cosas como el alcohol a un precio muy superior a su coste, multiplicando hasta por más de 10 el de la ginebra de garrafón. La publicidad echó mano del machismo más cutre para situar como reyes de la noche a los chicos de masculinidades tradicionales dominantes. Desde entonces y cada vez más, la exigencia machista cambió, antes era que llegaran “inmaculadas” al matrimonio, después se pasó a imponerlas que tuvieran ligues con esos dominadores de ese tipo marcha. Y por supuesto, también se coaccionaba a los chicos a que se hagan como ellos o queden fuera del mercado con términos como la “friendszone”.

Pronto ese modelo de ligue impuesto pasó de ese tipo de ocio nocturno a las organizaciones juveniles, escuelas y gimnasios. Hoy ya son mayoría las chicas que, en los estudios científicos sobre el tema, explican cómo se las obligó no solo a tener esos ligues con quienes las desprecian, sino que también se las coaccionó a contarlos como que habían sido muy divertidos y excitantes, omitiendo incluso el asco que sintieron y lo compulsivamente que se ducharon después. Por supuesto, hay muchas chicas que no se han sometido nunca, pero también explican en las entrevistas lo duro que ha sido enfrentarse a las coacciones que venían también con frecuencia de su propio entorno.

Defendamos su libertad, pero de verdad; la libertad además de ser un máximo valor feminista en sí mismo, es una garantía para no caer en situaciones de violencia machista, no perjudicar su salud y su vida. Destapemos el discurso coercitivo y sus técnicas de imposición. Transformemos el contexto para evitar las coacciones y lograr que toda chica sea totalmente libre para tener o no tener relaciones, parejas y/o ligues, en la escuela o en la discoteca. Para colaborar en esa imprescindible tarea, tenemos que cambiar mucho los actuales discursos dominantes que, siguiendo al citado sector cutre de capital, presentan los ligues como el reino de la libertad. 

Lo haremos, cada vez más personas lo están haciendo. Evidencias científicas sobre el tema hay de sobra. Solo falta que los discursos se basen en ellas.

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