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Es un hecho que las personas que se dedican al periodismo, ya sean hombres o mujeres, muchas veces están expuestas a la violencia y a amenazas a su seguridad en el desempeño de su trabajo. Sin embargo, las mujeres periodistas, sufren de forma desproporcionada la violencia de género y el acoso sexual, tanto en el lugar de trabajo como on line. Así lo afirma el Informe publicado el pasado mes de mayo por la Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre las causas y consecuencias de la violencia de género contra las periodistas, que en los últimos tiempos se ha visto agravada por la variante on line. El documento también incluye recomendaciones a los estados y otros organismos y entidades interesadas sobre cómo pueden prevenir y hacer frente a la violencia que sufren las mujeres periodistas y velar por proporcionarles espacios de trabajo seguros.

Para la realización del Informe, la Relatora Especial de la ONU ha podido contar con la colaboración y las aportaciones de estados miembros, organizaciones internacionales y regionales, instituciones nacionales de derechos humanos, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación. Todas ellas han proporcionado información y evidencias acerca de los diversos estudios e investigaciones que han ido realizando en los últimos años sobre diferentes aspectos de la situación a la que se enfrentan las periodistas respecto a la violencia de género.

En la compilación de datos se encuentra el estudio que News Safety Institute realizó sobre la violencia contra las periodistas entre los años 2013 y 2014, en el que aproximadamente dos tercios de las encuestadas afirmaron haber sido objeto de alguna forma de intimidación, amenaza o abuso en relación con su trabajo, a manos de jefes, supervisores y compañeros de trabajo varones. En 2017 mostró que el 48% de las casi 400 periodistas procedentes de 50 países diferentes que participaron en la misma habían sido víctimas de diversas formas de violencia de género relacionada con el trabajo como, por ejemplo, alusiones o comentarios inapropiados, insinuaciones de carácter sexual e incluso breves contactos físicos. En 2016 y 2017, Reporteros sin Fronteras registró más de 60 casos, en más de 20 países, de violaciones de los derechos de periodistas que habían o estaban informando acerca de asuntos en relación con la condición de la mujer. Existe constancia de aproximadamente 90 casos desde 2012 que incluyen asesinatos, encarcelamientos así como agresiones verbales, físicas y en línea. En relación con esto último, el ciberacoso supone más del 40% de los casos registrados.

El informe reconoce los cambios acontecidos en la actitud de algunos fiscales y la judicatura así como en la celebración de los procesos penales gracias al auge los últimos años de movimientos como #MeToo, #NiUnaMenos, etc. y sus diversas variantes alrededor del mundo. Acontecimientos que han visibilizado el acoso sexual y otras formas de violencia de género como, por ejemplo, el sexismo generalizado y las prácticas discriminatorias omnipresentes en las redacciones. Uno de los más sonados es el escándalo sobre el acoso y los abusos sexuales por parte de algunos directivos hacia mujeres periodistas de FOX, el conocido medio de comunicación estadounidense, desencadenado a raíz de la denuncia en 2016 que Gretchen Carlson, ex presentadora de Fox News, interponía a Roger Ailes,  a la cual siguieron otras muchas. 

Sin embargo, y a pesar de los avances reconocidos, el espacio on line, ha introducido formas de acoso y abuso que suponen nuevos retos en el camino a la erradicación de la violencia. Según el documento de la Relatora Especial, en los últimos años las periodistas se han visto cada vez más afectadas por esta forma de violencia de género. El contexto digital ha transformado la diversidad de formas de violencia de género en algo que puede cometerse a distancia, sin contacto físico y que va más allá de las fronteras, mediante el uso de perfiles anónimos para intensificar el daño a las víctimas. Entre ellas se encuentran la publicación de información confidencial o doxing, la sextorsión y el troleo, así como la distribución no consentida de contenidos íntimos (o pornovenganza). Sus consecuencias pueden ser nefastas, además de generar autocensura como una forma de protegerse ante la violencia. En este sentido, el informe insiste en que no abordar convenientemente y condenar las amenazas on line puede traer consigo repercusiones fatales, tal y como lo demuestran las agresiones y asesinatos de mujeres periodistas cuya antesala fueron campañas de odio y amenazas on line.

El Informe presenta además de un exhaustivo planteamiento de la realidad en cuanto a la violencia de género que sufren las periodistas a nivel mundial en los múltiples y diversos ámbitos que existen y acaba con un amplio decálogo de  recomendaciones a los estados y organizaciones internacionales. Entre las mismas destacan algunas como la plena aplicación de las normas internacionales sobre los derechos humanos en cuanto a la libertad de expresión así como los derechos de la mujer contra la discriminación; la ratificación del Convenio Sobre la Violencia y el Acoso (num. 190) de la OIT; la modificación legislativa, si cabe, hacia una mayor protección y para garantizar que las personas periodistas puedan ejercer su labor de forma independiente y sin injerencias indebidas, o prohibir y tipificar como delito el acoso sexual, incluyendo aquellas formas de violencia on line o a través de las TIC como puede ser el doxing. 

Son recomendaciones claves para, en definitiva, sentar las bases para que los estados establezcan un régimen apropiado en materia de derechos humanos y diseñen políticas o estrategias orientadas a asegurar la protección de las periodistas

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