Un equipo de investigación de la universidad de Glasgow ha publicado los resultados de un estudio dirigido a conocer cómo está afectando la covid-19 a aquellos grupos sociales que ya vivían aislados o excluidos socialmente antes de la pandemia, con el fin de analizar de qué manera la covid-19 ha empeorado su situación. 

Posiblemente es el estudio más amplio y completo de este tipo y se ha desarrollado en Escocia durante seis meses, de julio a diciembre de 2020. La investigación se focaliza en conocer las experiencias de personas que sufrían la marginación antes de la pandemia, centrándose en cuatro grupos: las personas refugiadas o con asilo político; personas en prisión o afectadas de otra manera también por el sistema penal de justicia, incluyendo a familiares; personas supervivientes de violencia de género y sexual, y personas con discapacidad o que viven en una situación de dependencia a largo plazo por motivos de salud. 

El informe del proyecto profundiza en cada uno de los grupos sobre cuestiones relacionadas con la capacidad de navegar para acceder a la información sobre los riesgos de la covid-19 en cuanto medidora de su sensibilización acerca de los riesgos de la pandemia, sus experiencias frente a mayores desafíos debidos a las crecientes restricciones, ya existentes previamente en sus vidas, y la desaparición, ralentización o disminución de los servicios en los que eran atendidos y atendidas, a pesar de encontrarse en una situación en que sus necesidades se han intensificado. 

Entre sus conclusiones, el estudio muestra que para todas las personas la situación de crisis de la covid-19 ha supuesto una experiencia parecida de precariedad, resiliencia, activismo y empoderamiento. Identifica las consecuencias del confinamiento, alerta del alto coste que pueda suponer en la salud mental el sufrimiento de daños acumulados y muestra la necesidad de crear nuevos apoyos y recursos adecuados, incluso una vez haya pasado la pandemia. Respecto a los servicios, señala cómo la crisis ha supuesto un obstáculo a la autonomía e independencia ocasionando un sentimiento de culpa o responsabilidad, con una implicación directa en sus derechos y dignidad como personas. La exclusión digital ha sido un problema común que ha supuesto una barrera importante para el acceso a la información. 

También señala, sin embargo, que  la situación de debilidad y disfuncionalidad de los sistemas ha motivado más unión de las comunidades, servicios y personas, fomentando la solidaridad y la esperanza para afrontar la crisis, más allá de la covid-19. 

Son muy necesarios estudios como este que contribuyen a solucionar los problemas actuales al detectar cuáles son las necesidades de las personas más vulnerables para que puedan convertirse en directrices de los gobiernos y de sociedades que se preocupan por proteger a quien más lo necesita.

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