Los esfuerzos por entender el consentimiento sexual en el contexto académico siguen avanzado desde la literatura científica, y diferentes estudios contribuyen a ello. Aunque la falta de consentimiento ya es considerado un factor determinante para establecer si una situación es violación o no, también existen suficientes evidencias de que algunas personas en el contexto del campus universitario tienden a mezclar deseo con consentimiento y placer con deseo.

Este es el punto de partida del artículo Understanding How University Students Use Perceptions of Consent, Wantedness, and Pleasure in Labeling Rape, en el que las autoras y el autor realizan un estudio en dos universidades del Reino Unido, con el objetivo de comprender cómo los y las estudiantes universitarios utilizan las percepciones de consentimiento, deseo y placer al etiquetar una violación como tal. 

Con el objetivo de entender la forma en la que las personas evalúan ciertos escenarios sexuales como clave para poner la base de los bloques educativos que aborden correctamente estos temas, el artículo recoge dos estudios cualitativos a gran escala en dos universidades del Reino Unido. A nivel metodológico, las 131 personas participantes en el estudio (94 mujeres, entre 18 y 36 años) tuvieron que leer viñetas que describían encuentros sexuales consensuados o no, deseados o no y placenteros o no. Las personas participantes proporcionaron respuestas de texto libre sobre su percepción de los escenarios, explicando si consideraban que se trataba o no de una violación y por qué hacían estas valoraciones. Después del primer estudio se realizó un segundo estudio, que replicó los resultados del primero e incluyó una condición en la que los y las participantes se imaginaban a sí mismos como sujetos o iniciadores de ese encuentro sexual. 

Los resultados indicaron que una parte significativa de las personas participantes tenían actitudes que reflejaban los mitos de la violación y tendían más bien a culpar a la víctima que a ver una violación en los actos donde faltaba el consentimiento. Las personas autoras del estudio afirman también que en la segunda fase los y las participantes utilizaron un lenguaje de distanciamiento al imaginarse a sí mismos en la condición de iniciadores/as de dicha situación. Así, las personas participantes indicaron que sentían que había diferentes grados sobre hasta qué punto un escenario se podía considerar una violación y que no era simplemente una dicotomía de decir hubo o no hubo violación. 

Estos resultados, y sobre todo esa línea gris entre hasta qué punto la violación se basa en una falta de consentimiento, indican una mayor necesidad de investigación sobre el consentimiento y su comprensión, así como sobre el abordaje y la prevención de la violación y los posibles materiales educativos que se pueden utilizar en escuelas, universidades e incluso jurados para afinar más sobre este asunto y proporcionar soluciones basadas en evidencias y libertad real a los y las jóvenes en sus relaciones íntimas.

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