Esta escritora argentina, nacida en 1890, no sólo fue escritora sino que se dedicó con éxito a otras facetas como editar, traducir, escribir ensayos y llevar a cabo la labor de mecenazgo.

Comenzó a publicar en 1924, actividad que combinó con el resto de facetas, de modo que en 1931 fundó la revista y editorial Sur, que promovió la obra de autores y autoras nacionales e internacionales como Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Adolfo Bioy Casares, Silvina Ocampo, Alejandra Pizarnik, Virginia Wolf, Carl Gustav Jung, Andrè Malraux y muchos más hasta el cierre de la publicación, en 1971. 

Una faceta en la que también destacó fue en la traducción, fue responsable de la traducción de grandes autores extranjeros.

En cuanto a su escritura de ficción, se decantó por la primera persona en casi todas sus obras; destaca la Autobiografía que escribió, dividida en diez tomos en los que recoge a modo de testimonios lo vivido en todos los ámbitos.

Pronto sintió la inquietud de trabajar por mejorar la situación de la mujer en la sociedad. En su ensayo de 1936 titulado La mujer y su expresión, reflexionó acerca de la marginación de las mujeres en el contexto patriarcal y sobre su dificultosa relación con la cultura moderna, aspectos que de algún modo sintetizaban el problema de la búsqueda de una expresión femenina autónoma. 

En una entrevista para la revista Plural, Victoria Ocampo manifestó: “No me hablen de nuestro deber como mujeres de ayudar al triunfo del marxismo o de lo que fuere con la promesa de que su éxito nos proporcione el goce de todos nuestros derechos. No, no, no. Primero tiene que cambiar la situación de la mujer en el mundo. Después vendrán otros cambios que surgirán de ése y no viceversa.” 

En 1936 participó de la fundación de la Unión Argentina de Mujeres (UAM), la primera agrupación feminista del país, junto con María Rosa Oliver y Susana Larguía. El objetivo era luchar por los derechos civiles de las mujeres (ese vínculo está contado en el artículo “La lucha por los derechos femeninos: Victoria Ocampo y la Unión Argentina de Mujeres (1936)“, de Isabella Cosse). Sin embargo, como otras tantas feministas antiperonistas (y antievitistas), Ocampo no apoyó el voto femenino en las elecciones que resultaron en la reelección a Perón en 1951.

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