Dos días antes del incendio acaecido en el campo de refugiados de Moria, varias ONG alemanas situaron ante el Reichstag, en Berlín, 13.000 sillas vacías para denunciar las sórdidas condiciones en que malvivían en Lesbos otras tantas personas. Ha tenido que suceder la catástrofe para que algunos países de Europa hayan levantado un dedo. Con Alemania y Francia al frente, ha surgido la propuesta de acoger a 400 criaturas no acompañadas. Otros ocho países se han adherido a la iniciativa, Bélgica, Croacia, Eslovenia, Finlandia, Luxemburgo, Países Bajos, Portugal y Suiza. No así España, pese a que Catalunya se haya ofrecido como acogedora. 

Cabe creer que, de ahora en adelante, las y los menores de edad estarán mejor que en el campo de Moria. ¿Por qué no confiar en ello? Tranquiliza el hacerlo, más que caer en la cuenta de cuán desamparados han de hallarse estén donde estén. En un lado u otro, la infancia abandonada siempre es fácil carne de cañón para toda clase abusos. Si en circunstancias mucho menos dramáticas que las de un campo de refugiados, muy a menudo niñas y niños se encuentran a merced de todo tipo de desaprensivos, la imagen de verlos sin hogar, entre extranjeros, sin conocer el idioma, obedientes en silencio estremece.

Es el horror de los refugiados de todos los tiempos y todas las latitudes, este que se eleva al cuadrado, o más, cuando concierne a las criaturas. Ojalá estas 400 que serán repartidas aquí y allá caigan en buenas manos. Un ojalá que no hace más que reconocer los caprichos del destino, hasta el momento tan cruel para ellas y ellos.

 

Secciones: Al reverso portada

Si quieres, puedes escribir tu aportación