Para las personas que se encuentran sin hogar, quienes pueden haber experimentado situaciones de trauma y sentirse indefensas, el apoyo social puede aumentar su resiliencia y reducir su estrés y, por tanto, minimizar las consecuencias de los sucesos que han padecido y superar esa situación. La solidaridad, entendida como un conjunto de comportamientos prosociales (consideración, confiabilidad, cooperación, altruismo), tiene un potencial transformador de cambio social en los grupos más vulnerables. 

Atendiendo a esta problemática, en el artículo “Life starts for me again.” The social impact of psychology on programs for homeless people: solidarity networks for the effectiveness of interventions, [“La vida comienza de nuevo para mí.” El impacto social de la psicología en programas para personas sin hogar: redes de solidaridad para la efectividad de las intervenciones] las investigadoras se plantearon tres objetivos: identificar evidencias relacionadas con las redes de solidaridad como un factor clave en la superación de la falta de vivienda y en los casos de abuso de substancias, detectar cuáles son las barreras que obstaculizan esa solidaridad, y examinar el impacto que la solidaridad tiene en el bienestar de las personas sin hogar. Para ello, en la investigación participaron 20 personas adultas que habían experimentado (o estaban superando) la falta de vivienda, a través de relatos de vida comunicativos para poder comprender a fondo la trayectoria de vida de las personas participantes desde la infancia.

Entre los resultados, se vio que quienes participaron consideraban una barrera el hecho de disimular su realidad, lo que impedía que otras personas supieran su situación y pudieran ayudarles. Otra de las barreras identificadas para superar la situación de la falta de hogar fue la de estar solo o sola, sin una red de familia o amistad. La última barrera que se mencionó fue un entorno social negativo, es decir, la presión de un grupo social tóxico que presiona para empezar o continuar el consumo de alcohol o drogas.

Por otro lado, el elemento que apareció en las historias de vida relacionado con la superación de la falta de hogar fue siempre el mismo: las redes de solidaridad. Las personas participantes consideraron que profesionales del trabajo social, psicología y medicina fueron de gran ayuda, además de las personas voluntarias. Destaca en la investigación que algunas personas participantes consideraban que las necesidades básicas (comida o ropa) ya estaban cubiertas por las entidades, pero que era necesario dar más atención a las redes de solidaridad. Asimismo se evidenció el rol de la solidaridad de la familia y las amistades como importante para superar la difícil situación. En resumen, las acciones solidarias tuvieron un impacto, no solo en su bienestar general, sino también en el desarrollo de actitudes más solidarias, el mantenimiento de amistades y sentimientos de afecto, gratitud y actitud positiva hacia la vida.

Finalmente, el artículo tiene dos claras conclusiones: el fuerte impacto que tienen las redes de solidaridad en el proceso de conseguir la situación estable que se desea y que estas redes son cruciales para superar las circunstancias y consecuencias negativas relacionadas con la falta de hogar.

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