Las víctimas de violaciones por parte del ejército colombiano han mencionado la dureza de sufrir una revictimización y nuevos ataques una vez han denunciado una violación. 

Testigos como Ynérida Hernández, según la BBC, han sufrido su violación y la de su hija de solo cinco años por parte de dos soldados. Según relata, lo peor llegó cuando pidió ayuda y sufrió revictimización por parte de la enfermera que las atendió, el abogado y el propio ejército. Ynérida tuvo que huir con su hija por culpa de los ataques y la persecución que sufrió tras la denuncia.

Ynérida Hernández es una víctima más de un ejército y de un sistema que está organizado con el silencio y la complicidad que dificulta que las víctimas de violación se atrevan a denunciar. A pesar de la persecución, una persecución común en Colombia que dejó 250 personas líderes sociales asesinadas en 2019, se ha convertido en activista de derechos humanos. Gracias a la valentía de mujeres como Ynérida, casos como la reciente violación de una niña indígena por siete soldados hace dos semanas, abrió por primera vez la puerta para hablar de algo que antes parecía un tema intocable: que funcionarios del Estado, armados para defender al pueblo, también abusan de niñas y mujeres.

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