Recientemente, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) enfatizaba en su último informe del estado de la población mundial sobre la importancia de una acción urgente para poner fin a los abusos cometidos contra mujeres y niñas en todo el mundo. Millones de niñas son sometidas, año tras año, a prácticas que perjudican su vida diaria, prácticas que en muchos casos tienen el consentimiento del entorno de la víctima.

El informe menciona las diferentes ceremonias en las que se vulneran derechos humanos, y se focaliza en tres abusos muy comunes a nivel mundial.  En primer lugar, detalla el caso de la mutilación genital femenina (MGF), en el que sólo este año 4,1 millones de niñas y mujeres corren el riesgo de la MGF, y actualmente hay alrededor de 200 millones de mujeres y niñas afectadas por esta práctica. Otro caso es el del matrimonio infantil, una práctica que implica matrimonios forzados, maternidad y generalmente la finalización de la escolarización de las niñas, limitando así sus oportunidades y expectativas vitales. A pesar de estar casi universalmente prohibidos, cada día se registran 33.000 matrimonios infantiles, abarcando países, culturas, religiones y etnias muy distintas. Por ultimo, el informe destaca que hay preferencia en los niños en los embarazos. Los datos muestran que des del 1990 en algunas regiones han tenido hasta un 25% más de nacimientos masculinos que femeninos. Los datos reflejan la continua discriminación y negligencia hacía las niñas. Sin olvidar, los problemas de violencia de género, como pueden ser la violación, el sexo forzado, la explotación sexual o la trata, problemas que se evidencian con los 140 millones de mujeres actualmente  desaparecidas. 

Bajo el lema de la oposición se está construyendo el informe aporta luz para superar la inclusión de millones de mujeres apostando por la educación y por el conocimiento de las afectaciones de cada una de las prácticas. Destacando el papel de la comunidad, especialmente de los padres, de la importancia de mantener las niñas en la escuela cómo factor de prevención a estas prácticas nocivas al fin de empoderar a las niñas y las mujeres a elegir su futuro, y a no perpetuar practicas contra su voluntad. 

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