La Fundación ANAR presentó el 29 de mayo en comparecencia ante la Comisión para la Reconstrucción Social y Económica del Congreso de Diputados el último informe del teléfono ANAR que analiza los datos obtenidos a partir de las llamadas recibidas de menores durante la pandemia. Un informe que aporta cifras respecto al aumento del riesgo de la infancia a sufrir  violencia durante el periodo de confinamiento, situándoles ante una mayor vulnerabilidad.  

En total, han atendido 3.803 llamadas entre el 23 de marzo y el 25 de mayo, de las cuales cerca de 2.000 respondieron a casos de violencia. Una violencia que, remarcan, ha ido aumentando progresivamente durante la crisis. Pues, mientras el 23 de marzo era de un 36,1%, el 25 de mayo se trataba del 50%. Una cifra sigue incrementándose, ya que durante desconfinamiento no ha decrecido.

La problemática más denunciada a través del teléfono ANAR ha sido la violencia física, un 17,9%. Seguida del maltrato psicológico, un 12,7%. Las denuncias por abuso sexual han sido de un 5,3%, una situación urgente a atender ya que ha supuesto estar en confinamiento con el agresor sexual. El cuarto motivo de llamada ha sido por violencia de género a su madre, del que también son víctimas, 3,5%. Seguido de casos de abandono o negligencia, 3,5%, violencia extra familiar continua, destacando el ciberbullying, 2,7%, el acoso escolar, 1,7%  y grooming o sexting. Además, en el 50% de las llamadas se han detectado problemas psicológicos en los y las menores, como el miedo, la tristeza, la depresión o la ansiedad.

Otro dato significativo ha sido el aumento de casos de ideación de suicidio, el 7,9% frente a un 1,9% de media anual antes de la crisis, lo cual muestra el aumento del grado de desesperación sufrido durante la crisis. 

El informe también remarca haber recibido peticiones de familias ante la dificultad de conciliar la vida familiar y laboral, o la necesidad de pautas educativas en casos de trastornos de conducta. 

Entre las medidas de protección que propone ANAR,  educación  es una de ellas. Pues no hay que perder de vista que la escuela viene siendo la institución protectora de la infancia por excelencia, al ser el lugar ideal para ello, así como, para la detección.  Ahora toca repensar cómo seguir protegiendo a la infancia desde la escuela en tiempos de distanciamiento social. 

Y ante esta nueva misión, ofrecen esperanza centros comunidades de aprendizaje caracterizados por tomar como referencia las evidencias científicas, con el fin de conseguir el mayor impacto con su alumnado. Escuelas que han puesto en juego las herramientas que disponían para hacer frente a la nueva situación que les ha llevado la crisis del COVID. Algunas dicen han seguido sintiéndose comunidad, incluso otras señalan que “ahora somos un poco más familia todos y todas”.

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