Quizás sea la historia de la humanidad la que explique el desbalance que existe entre profesionales médicos. Quizás sea la historia de la Medicina en sí. Sin embargo, por más diferencias biológicas que entre un hombre y una mujer, nunca será esta la excusa para la desigualdad de género.

Si bien es cierto que el sexismo existe en todas las profesiones, en el área médica es muy intensa y se silencia. Y existen muchas razones para este silencio. Una es la cultura académica, solo sobrevive el más fuerte. La segunda es el precio de la educación, la carrera de Medicina es una de las carreras más caras. En tercer lugar, está la naturaleza humana, en la Tierra Dios no hace justicia, la hacemos nosotros. 

Por otro lado, hay especialidades (es decir, el posgrado) que son demandantes, a tal nivel que los alumnos desarrollan enfermedades psiquiátricas, sin excluir el sexo. Es por esto, por esta alta demanda de resiliencia, fuerza corporal, fuerza de voluntad, que hay especialidades en las que solo los hombres se destacan. El ejemplo más representativo es el campo quirúrgico y todas sus ramas. En México, la proporción de hombres a mujeres en Urología es de 45 a 1; en Neurocirugía es de 18 a 1; en Ortopedia es de 14 a 1; en Cirugía oncológica y cardiotorácica es de 10 a 1. A diferencia de especialidades como la Pediatría, en la cual las mujeres dominan de manera característica. 

Ahora bien, muchos dirán que es la naturaleza de la mujer y el hombre que hace que una médica quiera dedicarse por el resto de sus vidas a ver niños y niñas. Y el hombre prefiere dedicar el resto de su vida a campos más dinámicos. Así como es esperado que las niñas jueguen a las muñecas y los niños a los videojuegos. La estructura predicha por la sociedad persiste inclusive en la vida adulta. 

Esto no quiere decir que no existen mujeres médicas que quieren prepararse como cirujanas. Sin embargo, deben de superar obstáculos que solo existen, solo se han impuesto para las mujeres. Por ejemplo, en un área en la que predominan los hombres, la mujer deberá de callar sus penas o adaptarse. En ese sentido, se puede adaptar de dos maneras. La primera es comportándose como un hombre. Esto quiere decir que será catalogada como lesbiana aún sin serlo. La segunda es cuando al adaptarse, su comportamiento es Un ofrecimiento por algo a cambio. Ese algo se llama educación. Si la mujer no se adapta, no sobrevive. Cualquier tipo mecanismo de defensa está bien, no es una crítica a la sobrevivencia. Aun así, una mujer nunca debería de experimentar está clase de obstáculos, en ningún medio. Esto se denomina discriminación laboral. 

En la misma línea, toda mujer debe de ejercer el derecho a formar una familia. La Medicina es demandante en todos los aspectos y es por esto que muchas mujeres eligen no formar familias hasta estar lo suficiente preparadas para ejercer la medicina. Esto no ocurre en todos los lugares. En países desarrollados, las mujeres pueden laborar embarazadas. El pago es suficiente para la manutención de una familia y se asegura a todos los miembros de su familia, al igual que los hombres. En países como México y Honduras, el ser estudiantes de posgrado en Medicina es sinónimo de desgaste físico, de deudas, etc. Es una problemática muy bien conocida, pero no el impacto que esto tiene sobre las decisiones que una mujer toma, que no están lo suficiente concientizadas en la sociedad. 

Es por esto por lo que las mujeres eligen posgrados fáciles, rápidos y poco demandantes. Su competencia se limita de manera abrupta. Si bien es cierto que es una decisión consciente, no habrá médica quien diga que quiso hacer más. 

Un conflicto aún mayor es la incesante expectativa de la sociedad por mantener a las mujeres en casa. En algunas sociedades es mal visto una mujer cirujana, aquella que abandona a sus hijos y su esposo por ganarse un buen sueldo, cumplir con su deber como profesional de salud, salvar vidas. Se espera que las mujeres médicas se especialicen y se casen. Es lo lógico, lo normal. No existe estadística que describa la cantidad de médicas generales mujeres que no hicieron posgrado porque su esposo decidió que su posición era la de una ama de casa. El hombre unido a una mujer a ojos de Dios tiene el poder absoluto por determinar la capacidad de una mujer, y eso es lo normal en nuestra sociedad. 

La maternidad y la crianza de los hijos es un trabajo. Lo es, aunque los hombres y la sociedad piense que es realmente un deber. No, es un deber, pero también es un trabajo. Es un servicio que se brinda a una tercera persona, y como todo trabajo se debe hacer bien. El hecho que sea un trabajo, que requiera de tiempo y dedicación, no implica que la mujer no pueda hacer ambas cosas. Hacer un posgrado y criar a uno, dos, tres hijos. Si el hombre lo hace, ¿por qué no la mujer?

Repito, es mal visto. ¿Una médica subespecialista es aquella madre que nunca llega a los juegos de fútbol, o a las clases de ballet o al día de las madres? ¿No son los hombres iguales?

No es suficiente con mostrar estadísticas de una proporción similar entre mujeres y hombres en un posgrado. Es el entorno el que se debe cambiar. Ese entorno con chistes machistas, con comportamientos abusivos, con expectativas denigrantes. No es cambiar al mundo. No es cambiar la infraestructura. Es simplemente concientizarse que la mujer tiene los mismos derechos que un hombre. Es concientizarse que la mujer tiene las mismas habilidades que un hombre. Es comprender que ambos sexos tienen sueños que cumplir. 

En las salas de urgencias existe la alerta rosa, es un aviso de cuando llega una paciente guapa. En la sala de operaciones abundan los albures y las manos extras. En hospitalización no hay adscrito que no ofrezca a una estudiante una guardia o visitas a su consulta para aprender. Hay quienes compiten cuantas estudiantes han logrado conquistar. Hay quienes ofrecen sueños que no podrán cumplir. 

Las médicas nunca serán Amazonas. En el siglo XXI, una médica no puede ser subespecialista, jefa de departamento, doctora en Medicina, sin tener uno o dos divorcios, con su nombre pasando de boca en boca hasta que la melancolía se la come viva. Habrá sus excepciones, siempre las hay. Sin embargo, esa excepción no existe en México. 

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