Harvard School of Public Health ha publicado una noticia en la que explica los resultados de la investigación que ha llevado a cabo, donde se evidencia que el impacto del bullying en los empleados va más allá de su salud y demuestra que el hecho de que los espacios de trabajo no constituyan entornos seguros para todos sus trabajadores y trabajadoras tiene un impacto negativo también inevitable en la economía de la organización en la que se da.

Gracias a numerosas investigaciones ya conocemos los efectos de las situaciones de acoso en la salud, como el empeoramiento de la salud mental, problemas de insomnio o ansiedad entre otros. Pero no ha sido hasta ahora cuando se ha demostrado que una salud pobre de los y las trabajadoras conlleva también pérdidas económicas. De nuevo, se evidencia el bullying como un problema global, no sólo para las víctimas. Los entornos laborales en que los empleados se sienten más vulnerables son aquellos que se rigen por estructuras jerárquicas.

Para cuantificar los efectos que provoca el bullying en el puesto de trabajo en cuanto a gastos en salud mental se llevó a cabo un estudio en el que los trabajadores respondían a un cuestionario donde se les preguntaba sobre situaciones de acoso. Posteriormente se hizo un seguimiento y se evidenció que las personas que habían afirmado sentirse acosadas en su puesto de trabajo habían hecho un gasto de casi el doble en salud mental frente a aquellos que no habían experimentado bullying. Erika Sabbath, miembro del programa Work Health and Well-being: Achieving Worker Health (Salud laboral y bienestar: logrando la salud de los trabajadores) y profesora de Universidad en Boston, asegura que una de las formas más eficaces para prevenir este tipo de situaciones es conseguir hacer un grupo de trabajo de colegialidad, es decir, con responsabilidades compartidas. La promoción de solidaridad en estos espacios, afirma, “no sólo servirá para prevenir el bullying, sino también otros tipos de estrés laboral, evitar situaciones en las que no te puedes posicionar o la sensación de que no puedes confiar en tus compañeros”. 

Así pues, la pérdida económica, aunque es un aspecto secundario, supone un efecto colateral del verdadero problema. Los datos recogidos en cuanto a las pérdidas provocadas por las agresiones en los puestos de trabajo están sirviendo a las empresas y organizaciones para tomar medidas que procuren la seguridad de sus empleados y empleadas. De esta forma, a los motivos para impedir que se den situaciones de violencia en el puesto de trabajo se suman también los económicos. Lo importante es que los resultados revelados por la investigación están incentivando la cultura de la promoción de la salud, el cuidado y el buen trato en el entorno de trabajo entre compañeros y compañeras, clientes… toda la comunidad en definitiva. Desde el estudio, animan a las empresas a tomar medidas que apelen al liderazgo a partir de la formación de los trabajadores para asegurar entornos laborales libres de violencia. En conclusión, como ya han revelado anteriores investigaciones, favorecer entornos en los que priman las buenas relaciones es sinónimo de salud y como hemos visto también una garantía para evitar pérdidas económicas en el ámbito laboral. De nuevo, se pone de manifiesto la importancia de las relaciones humanas de calidad y sus efectos en el bienestar físico y mental, también en el trabajo. Garantizar entornos seguros por parte de los líderes comienza a ser una prioridad.

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