Rachel Carson

En plena crisis climática, valga evocar a la bióloga Rachel Carson, la que hace más de medio siglo alertó con contundencia de las consecuencias de maltratar a la naturaleza.

Nacida en Estados Unidos, autora de diversos libros de divulgación científica, fue en 1962 cuando la publicación de un estudio sobre los efectos del DDT abrió el camino hacia la toma de conciencia medioambiental. Siendo que el DDT y otros insecticidas eran utilizados a mansalva, ella denunció a través de su obra más célebre, Primavera silenciosa, los efectos nocivos que tenían sobre las personas y sobre la agricultura. No lo hizo sin correr riesgos, puesto que enseguida despertó el encono de la industria química y, simultáneamente, de algunas instancias gubernamentales. Se llegó incluso a tacharla de comunista, el calificativo estadounidense más peligroso de la época, pero su valentía la condujo a ser pionera en el movimiento ecologista.  

Murió en plena madurez, a los 56 años de edad, habiendo dejado como legado otros cuatro libros científicos además del mencionado. Su aportación al estudio y defensa del medio ambiente coadyuvó, tal como es reconocido, al surgimiento de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos. Previamente, sus investigaciones habían llevado a que en muchos países se dictaran leyes sobre el uso o, en casos, la exclusión de varios insecticidas, pesticidas, fungicidas, etc. 

Todavía no nos hallamos libres de contaminantes en la alimentación, la cosmética y el aire que respiramos. Los intereses industriales y la sumisión de la política a estos intereses dificultan que los argumentos científicos presentados tempranamente por Rachel Carson cuajen de modo definitivo en beneficio de toda la humanidad. Otros muchos estudiosos continúan avisando del peligro al mismo tiempo que la naturaleza avala de sobra sus advertencias. Falta que los sordos y adictos al lucro a toda costa sean apartados del mando.

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