Juana Manso

Juana Paula Manso de Noronha nació en Argentina, en 1819. Lo cierto es que la protagonista del artículo de hoy, a pesar de realizar un gran trabajo, no fue reconocida en su tiempo; y aún hoy sigue siendo bastante desconocida a pesar de que muchas escuelas llevan su nombre. Esta mujer fue escritora, traductora, periodista, maestra y precursora del feminismo en Argentina, Uruguay y Brasil.

Desde su infancia tuvo un gran interés por aprender, de hecho aprendió muy pronto a leer y escribir; en clase se aburría porque no le gustaba la forma de enseñanza, incluso llegaron a suspenderle algún examen porque no sabía de memoria el alfabeto, aunque leía mucho con el afán de aprender. Siguió formándose por su cuenta, de modo que a los catorce años tradujo dos libros del francés, que su padre se ocupó de que fueses imprimidos. Asimismo, estudiaba música, escribía poemas que, en más de alguna ocasión, publicó en periódicos.

Participaba en reuniones con escritores en las que participaba de igual a igual en un momento histórico en que esto estaba vedado a las mujeres. Escribía letras de música, y publicó la novela Misterios del Plata.  

Entre 1852 y 1854 dirigió en Brasil O Journal das Senhoras, el primer periódico de Latinoamérica destinado al público femenino.

Regresa a Buenos Aires y en 1854 funda en Buenos Aires Álbum de Señoritas.

En estos medios expuso sus ideas de igualdad de la mujer y, por otro lado, de la educación popular; es decir, la educación para todos los niños y niñas.

Juana trajo a su país nuevas ideas y experiencias que pensaba que podían servir para sentar las bases de una sociedad más justa, pero fueron rechazadas. Decía que la educación para todos eliminaba la desigualdad, hacía críticas a los gobiernos por no invertir en educación y reclamaba los mismos derechos para las mujeres y los niños y niñas. 

En su novela La familia del comendador explicó su postura contra la esclavitud, pero no sentó bien en su país, que siguió ignorándola y tomó sus palabras como un escándalo. 

Conoció a Domingo Faustino Sarmiento, que siempre la apoyó, incluso la nombró directora de una escuela para niños y niñas. Desde ese momento se dedicó totalmente a la educación: enseñó, dirigió una escuela para ambos sexos, desarrolló nuevos planes de estudio en varias escuelas, supervisó y mejoró la labor de los maestros, promovió la creación de jardines de infantes, creó bibliotecas populares, ofreció charlas, tradujo obras de educación. 

Logró avanzar con escuelas mixtas, la plantilla de asistencia, la eliminación de castigos corporales y la enseñanza del inglés, entre otras cuestiones.

A pesar de su trabajo, a favor de los más desfavorecidos, no fue reconocida en su país e incluso fue agredida en alguna ocasión.

Al final de sus días, A pesar de sentirse débil y estar enferma siguió enseñando a leer y a escribir a los niños que vivían en su humilde barrio hasta sus últimos días.

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