Existe un reciente debate sobre el género de las voces de Inteligencia Artificial (AI) tales como Siri o Alexa. Según algunas opiniones críticas, las voces –mayoritariamente femeninas– no representan a muchas mujeres ni incluyen a las minorías étnicas ni a los diversos acentos que no están representados. También se indica que las voces femeninas representan ser más serviles mientras que las voces masculinas en IA se usan para mostrar el patrón tradicional de superioridad y dominación. Igualmente, y no menos importante, está el cuestionamiento sobre la respuesta de la IA ante el abuso. Por ejemplo, cuando alguien le dice un comentario denigrante a Siri o Alexa, u otros, estas responden algo como: ‘’Bueno, gracias por los comentarios’’.

El posicionamiento ante los comentarios de acoso y el significado de estas voces ha desembocado en una cadena de críticas que, a su vez, han desencadenado la realización de diversos proyectos para cambiar este paradigma. Uno de estos proyectos es el Proyecto Q, un asistente de voz neutral sobre el que, en fase experimental, se preguntó a una muestra de 4.500 personas en Europa si les parecía una voz masculina o femenina. Las respuestas fueron 50/50.

Otras iniciativas son el proyecto Common Voice, de la compañía Mozilla, que se lanzó en 2019 con el objetivo de reclutar voces globales mediante el algoritmo de aprendizaje automático, o el caso de la BBC, que está desarrollando un asistente de voz llamado Beeb cuyo lanzamiento está pensado para este mismo 2020.

El caso es que ya se ha puesto el foco de atención en cuestiones sobre género, respuesta ante comentarios de acoso, etc., en la Inteligencia Artificial y también sobre las responsabilidades que recaen en las compañías sobre la conciencia del discurso que reproducen. Hay también otra cuestión que abre otro hilo de debate: el uso de voces neutrales en la IA, ¿serían una regla o una opción más para los usuarios y usuarias a la hora de configurar sus asistentes de voz?

Siempre teniendo en cuenta las evidencias, estaría bien respetar la libertad individual de elección siempre y cuando se tengan en cuenta las cuestiones de respeto y posicionamiento frente a un asunto tan grave como el acoso, aunque sea con una máquina.

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