Isabela Bird

Isabella Lucy Bird fue, sobre todo, una viajera incansable que recogió todas sus vivencias y conocimiento de las distintas culturas en libros de viajes y fotografías.

No era habitual en la época victoriana que una mujer dedicase su vida a viajar y, menos aún, que lo hiciera sola. En realidad, todo empezó debido a su precaria salud. El primer viaje lo hizo a Escocia por decisión de su padre, que pensó en un cambio de aires como ayuda a mejorar la salud de su hija. Y así fue, se encontró mejor. Así que aquel fue el primero de innumerables viajes, ya que le devolvían la salud.

Isabella Bird nació en 1831, en Yorkshire. Recibió clases en casa con su madre, pero siguió formándose a lo largo de su vida, ya en su primer viaje a Escocia hizo un interesante círculo de amigos intelectuales. A la vuelta de este viaje se encontró mal de nuevo y decidió viajar a Melbourne y de allí a las Islas Sandwich en Hawai, después de un año fue a los Estados Unidos. Y ya nunca abandonó ese tipo de vida: viajar, ya que se convirtieron en medicina para su salud.

De nuevo en su hogar, publicó su obra El archipiélago hawaiano y una serie de artículos en los que narraba sus experiencias, gracias a estas publicaciones se consagró como escritora de libros de viajes.

En 1878 viajó a Japón, después a China, Malasia, Egipto. Al volver a su país, publicó libros en los que contaba todo lo vivido. Los libros tuvieron gran éxito de ventas, lo que le permitió vivir de ello y realizar sus viajes.

Por todo ello, se la considera, además de escritora, exploradora, fotógrafa y exploradora. Ser escritora le hacía sentirse segura. Aparte de los libros ya mencionados, escribió Una inglesa en América, Aspectos de la religión en Estados Unidos; sin embargo, el reconocimiento como escritora de viajes, viajera y comentarista le llegó después de publicar Una mujer en las montañas rocosas.

Isabella Bird fue una de los primeros viajeros independientes en Japón, y quizá una de las primeras mujeres que viajó sola hacia el norte del país; después escribió en sus libros que aquella cultura y modales la habían impresionado notablemente. 

Está considerada como pionera en grandes aventuras, ya que estuvo en países adonde casi no habían viajado europeos, menos aún mujeres europeas.

Entre los años 1894 y 1897 estuvo durante quince meses en China, de ellos ocho permaneció en el Yangtsé, sus afluentes y las regiones que los bañan. Sentía gran admiración por la cultura asiática, así que la recorrió en todo tipo de embarcaciones.

Durante los viajes, a bordo de los barcos revelaba las fotos, lavaba el líquido fijador de los negativos desde la borda. Para realizar el revelado, empapelaba las paredes de su cabina con periódicos, colgaba cortinas de fino algodón. Sus fotografías muestran la vida de estas tierras.

Aunque en un principio los poderes públicos habían rechazado su trabajo; sin embargo, llegó a tener una relación de iguales con Charles Darwin y actuó de asesora del primer ministro William Gladstone, también habló con la Cámara de los Comunes; y fue recibida por la reina Victoria.

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