Las consecuencias de la violencia ejercida contra las mujeres en las relaciones íntimas son multidimensionales. Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU (CDC), casi la mitad de mujeres víctimas de homicidio son asesinadas por alguien con quien han mantenido o mantienen una relación y una de cada cuatro mujeres sufre formas graves de violencia en sus relaciones durante toda su vida.

De ello se deriva en muchos casos una amplia gama de problemas relacionados con la salud, incluidas las enfermedades mentales, enfermedades de transmisión sexual y VIH, enfermedades crónicas y/o diversos tipos de conductas de riesgo como el tabaquismo, el consumo de alcohol u otro tipo de drogas, que alcanzan también a los niños y niñas que quedan expuestos a este tipo de violencia. 

En EE.UU. afecta a más de 43 millones de mujeres y por ello se ha considerado un grave problema de salud pública que tiene un alto coste no sólo para la persona, sino también a nivel social. El CDC estima que, entre servicios médicos, pérdida de productividad del trabajo remunerado, justícia criminal y otros, una víctima de la violencia de género puede llegar a movilizar alrededor de 103,767$ a lo largo de toda su vida.

En 2015 se celebró en Harvard una cumbre de investigación sobre la prevención de la violencia de género en las relaciones íntimas que reunió a unos 30 líderes del mundo académico, la medicina, el gobierno, la empresa, las fundaciones y el asociacionismo. Allí surgió el compromiso por parte de las y los representantes de las diferentes corporaciones, instituciones académicas y del cuidado de la salud, así como instituciones gubernamentales y organizaciones de defensa, de unir sus fuerzas con el fin de definir líneas comunes de actuación para prevenir este tipo de violencia contra las mujeres.

Ninguna asociación o entidad del tipo que sea puede erradicar por sí sola la violencia contra las mujeres en las relaciones pues se trata de una problemática de enorme complejidad que necesita un enfoque multidisciplinar, la colaboración de los diversos agentes de la sociedad y la implementación de políticas y prácticas basadas en evidencias. 

En este sentido, cabe decir que la violencia hacia las mujeres, incluye no solo la violencia ejercida en la pareja, sino también la violencia en las relaciones esporádicas, o cualquier otro tipo de agresión sexual, se dé en el contexto en que se dé.

En el caso que nos ocupa hoy, su trabajo está especializado en la prevención de la violencia en las relaciones de pareja.  Harvard T.H Chan (Escuela de Salud Pública) y Saving Promise, una organización sin ánimo de lucro, se aliaron para crear el Laboratorio de Aprendizaje de la Universidad de Harvard. El objetivo de este proyecto es no solo investigar y evaluar las causas de raíz de la violencia, sino implementar estrategias innovadoras en el ámbito de la educación, a través de programas y políticas enfocadas en la prevención que sean de impacto social y promuevan cambios en las instituciones gubernamentales, de salud pública y sistemas clínicos y que se extienda, así mismo, a todas las disciplinas. 

En su modelo recogen que se debe invertir más en la investigación y en la promoción de modelos proactivos de éxito; esto quiere decir invertir más en la prevención para fomentar relaciones sanas y libres de violencia, y no tan solo en medidas reactivas, que son aquellas que se aplican cuando el daño y la violencia ya se ha dado, sin dejar evidentemente de apoyar a las víctimas.

Una parte fundamental de la estrategia pasa por conseguir un cambio en profundidad que pase de centrar la mayoría de los esfuerzos en la intervención a hacerlo en la prevención desde una perspectiva amplia que involucre a todos los sectores de la sociedad, comunidades y activistas, que aporten al movimiento mayor alcance y estabilidad con el fin de erradicar esta pandemia social que afecta a mujeres de todas las condiciones y orígenes en toda la aldea global.

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