El pasado 1 de noviembre falleció una adolescente de 17 años, víctima de una violación grupal, después de dos semanas de estar internada en el hospital en la región boliviana de Oruro. Los agresores también son menores de entre 16 y 17 años y drogaron a la víctima en la casa, la violaron mientras estaba inconsciente e incluso le introdujeron objetos metálicos, al despertarse sintió un gran dolor y buscó ayuda, siendo internada hospitalariamente. Desgraciadamente, los daños sufridos desencadenaron en su muerte. La fiscalía denuncia a los agresores, además de la violencia grupal, como culpables de feminicidio. 

Teniendo en cuenta el crecimiento de número de casos de violaciones grupales, sobre todo en relación con víctimas y agresores adolescentes, se constituye como una necesidad urgente abordarlo internacionalmente.  Es necesario aplicar las evidencias científicas al respecto de cómo frenar estos casos. Una de las evidencias es aplicar la tolerancia 0 y el rechazo unánime hacia las personas que ejercen este tipo de agresiones, tanto institucionalmente como, sobre todo, desde el grupo de iguales. Las interacciones son la clave. 

En conversaciones diarias este tipo de chicos violentos jalean como victorias este tipo agresiones, siendo muy ridículos y asquerosos en sus expresiones machistas. Pero cada vez hay más chicos valientes que denuncian estos comportamientos y que no encuentran nada excitante agredir sexualmente a una chica, sino todo lo contrario.  También, cada vez hay más chicas jóvenes que denuncian a los agresores y chicas que apoyan a las víctimas y supervivientes de agresiones sexuales, pero sigue siendo urgente acelerar aún más este cambio desde todas las edades, desde los diversos espacios públicos y todas las redes sociales y personales.

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