Numerosas son ya las escenas conocidas de rodajes en las que se ha ejercido abuso de poder para conseguir la sumisión de las actrices. Directores de cine como Adrian Lyne afirman haber golpeado y generado estados de pánico a actrices como Kim Basinger para conseguir un rodaje perfecto de sus películas, poniendo el foco en la atracción y el morbo en la violencia.

Así mismo, actrices como Basinger afirman que todas las actrices deberían experimentar una sensación así para salir más fuertes. Basinger, después del rodaje de Nueve semanas y media, con graves ataques de pánico y violencia, agorafobia y vulnerabilidad, se presenta como una actriz comprometida con su vocación hasta sus últimas consecuencias.  

La sumisión, en este caso de Basinger como de otras actrices, y su posterior cuestionamiento hacia las actrices del #metoo que han querido denunciar estas situaciones de acoso, es una muestra más de la enorme presión social que existe y que relaciona la pasión y el morbo sexual con la violencia y la tensión, además de ser un reflejo de cómo dicha sumisión pretende que otras mujeres también la sufran, en vez de apoyar a aquellos y aquellas que la rechazan profundamente.

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