El acoso sexual sigue siendo un problema de justicia social, también en las universidades, de todos los países. Tal y como afirma el estudio #ThisEndsHere: Confronting Sexual Assault and Harassment in Our Campus Communities., llevado a cabo por Rosemary Clark-Parsons de la University of Pennsylvania, EE.UU., los movimientos de estudiantes y activistas como, por ejemplo, #MeToo, entre otros, han dirigido de nuevo la atención hacia la importancia de atajar la violencia sexual entre las comunidades universitarias y los departamentos académicos. 

Gracias a las narrativas, los casos concretos y las realidades hechas públicas, las víctimas y supervivientes han sacado a la luz los acosos en la educación superior, generalizados y, muchas veces, ocultados. Sin embargo, menos se ha hablado sobre qué es lo que los docentes, el personal de servicios y el estudiantado pueden hacer para abordar la violencia sexual en el campus y los climas hostiles en la academia. 

Con el objetivo de pasar de #MeToo a #ThisEndsHere, la serie de artículos que se presenta trata de dar respuesta a la actitud de todo el personal académico y de servicios de una universidad  y a los problemas que enfrentan en una diversidad de contextos; exponen una variedad de tácticas diferentes para responder a los ataques y al acoso que existen y desmantelar las normas y actitudes que permiten que persista esta mala conducta.

En todos los artículos presentados en este estudio coinciden una serie de elementos comunes que empiezan por la necesidad de escuchar a los y las estudiantes. Ellas y ellos son quienes, en tantas instituciones de todo el mundo, han dado la cara, han pasado de víctimas a activistas en muchas ocasiones, han creado redes de apoyos y han estado a la vanguardia de los movimientos para poner fin a la violencia sexual en los campus. Conocen muy bien de lo que hablan, han oído muchas historias, a menudo mientras están lidiando con sus propias experiencias traumáticas, y han puesto en juego sus carreras académicas y profesionales para apoyarse entre ellos y ellas y luchar contra políticas universitarias a menudo ineficaces y acosadores reincidentes conocidos en boca de muchos y muchas. 

Por todo ello, la autora afirma que debemos escuchar al alumnado y entender el problema de la violencia sexual en las universidades desde sus perspectivas, aprender de sus ejemplos de responsabilidad y justicia para toda la comunidad.

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