Bertha Benz (1849-1944) fue una pionera de la automoción alemana e inventora de la pastilla de freno para automóviles.

Se casó en 1872 con el ingeniero Carl Benz, quién construyó el primer carruaje a motor y obtuvo la patente Benz Patent-Motorwagen. En agosto de 1888, sin conocimiento de él, Bertha decidió viajar con sus dos hijos de Manheim a Pforzheim, donde vivía su madre, como manera de publicitar el vehículo. El recorrido entre las dos ciudades era de unos cien kilómetros, algo que hasta el momento nadie había hecho conduciendo un automóvil.

Así, aquel 5 de agosto de 1888, Bertha y sus hijos partieron al amanecer, enfrentándose a varios problemas. Por suerte, Berta tenía un conocimiento muy profundo del funcionamiento del coche, por lo que pudo solventarlos con éxito: reparó una avería en el sistema de ignición con sus pinzas para el pelo; paraba en cada fuente que encontraba por el camino para refrigerar el mecanismo del vehículo…

Finalmente, Bertha y sus hijos llegaron a Pforzheim al anochecer. Este viaje fue importante no sólo por la publicidad que consiguió, pero por las mejoras que se pudieron hacer gracias a las sugerencias de Bertha. Entre otras, Bertha propuso incorporar unos forros de cuero (pastillas de freno) para mejorar la potencia del frenado.

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