Uno de los argumentos que dan quienes defienden a los puteros es que sin prostitución se niega la sexualidad de las personas con discapacidad. Una afirmación que no solo está cargada de desprecio hacia estas personas, sino que carece de aval tanto desde las instituciones que trabajan por la Inclusión Social como desde las evidencias científicas feministas.

La discusión sobre discapacidad y sexualidad debe incorporar la comprensión feminista de lo que constituye la explotación sexual. Justificar la prostitución bajo el falso derecho al placer sexual de las personas con discapacidad solo se mantiene por aquellas que se han dejado engañar por un discurso neoliberal y opresor-patriarcal aún muy presente en nuestras sociedades.

En el mundo de la discapacidad existen, como entre las demás personas, las que disfrutan de relaciones sexuales y las que no. Decir que necesitan de la prostitución para acceder a ellas es un ataque a su atractivo y su valoración social, denota un desconocimiento absoluto de las relaciones con y entre las personas con discapacidad. Esto no obvia que existe, también, un problema ético importante sobre aquellas personas con discapacidad con intereses legítimos al placer sexual que encuentran muy difícil satisfacer esos intereses legítimos sin ayuda externa. Y es sobre estas causas sobre las que se requiere mayores contribuciones para su prevención y superación. No existen aportaciones rigurosas, científica y éticamente, para la idea de superar estas dificultades de acceso al sexo justificando la función social de la prostitución. Además, cuando se dice que es un derecho supuestamente reclamado por las personas con discapacidad, no solo es falso en su mayoría, sino que cuando en su minoría así lo ha sido, son los hombres quienes lo han reclamado, no las mujeres con discapacidad, y es un discurso que las desprotege y desprestigia muchísimo, a ellas y también a todos aquellos, que en su mayoría, no la desean. Esto visibiliza la concepción carca y patriarcal de la sexualidad subyacente.

Es un discurso Neoliberal y Machista. No Feminista

La discapacidad es un nicho para la expansión de la industria de prostitución y es preocupante que personas supuestamente progresistas, e incluso anticapitalistas, caigan en este discurso abanderado por los empresarios de la prostitución y de la trata. El acceso a las mujeres prostituidas se está justificando desde organizaciones y servicios benéficos para discapacitados, en aras a sus derechos sexuales. En Australia, por ejemplo, los hombres discapacitados forman un nicho de mercado para la industria legalizada de la prostitución. Se justifican estas realidades con discursos engañosos como que vivimos en una sociedad cada vez más sexualizada, y la compra y venta de sexo es una característica de esta sociedad.

La lucha por los derechos de la mujer discapacitada SÍ es un discurso FEMINISTA.

Esta realidad muestra una contradicción profunda en la forma en que las políticas de discapacidad abordan la explotación sexual. El engaño sobre los derechos sexuales que otorga a los hombres con discapacidad el derecho a prostituir a las mujeres, e incluso a exigir servicios sexuales de cuidadoras y enfermeras, se contradice con la necesidad de liberar a las mujeres con discapacidad de la explotación sexual, siendo que la sufren en un índice 4 veces superior a las mujeres en general. ¿Cuánto puede llegar a camuflar este doble discurso el abuso sexual y la explotación de mujeres y niñas con discapacidad? Las personas con discapacidad deben ser iguales en todos los aspectos de la vida y esto incluye el derecho a expresar su sexualidad e involucrarse en relaciones sexuales consentidas. Es necesario poner de manifiesto que estas campañas que abogan por sus derechos sexuales no hablan de discapacidad, sino de los derechos de los hombres puteros, ya que ignoran a las mujeres discapacitadas.

¿El derecho a la sexualidad puede conquistarse vulnerando el derecho a la libertad sexual?

La prostitución tiene una naturaleza altamente explotadora. Se están promoviendo estas prácticas, por ejemplo, ocultando el índice de personas con discapacidad que, al participar de actividades de prostitución, se han convertido en víctimas de delitos, revictimizándolas y haciéndolas aún más vulnerables a la delincuencia y la explotación. Estos errores con graves consecuencias futuras no conllevan la libertad sexual sino una concepción opresora de la sexualidad. Si queremos ir a la raíz del problema habremos de estudiar intensamente cómo seguir creciendo en placer y libertad sexual sin vulnerar ni enturbiar los derechos que desde los movimientos por la Inclusión Social y por el Feminismo se han ido alcanzando desde hace muchos años.

Es imprescindible que las personas con discapacidad vivan y desarrollen su vida en un ambiente sexual normalizado en el que puedan establecer relaciones interpersonales a nivel de amistad, ligue o pareja. Y es fundamental que reciban educación sexual adaptada a sus necesidades. Podemos crear oportunidades para que estas personas participen activamente en procesos dialógicos sobre cómo alcanzamos el buen trato entre nosotros y nosotras, sobre cómo alcanzamos la valentía, la amistad, el amor…; espacios en los que tradicionalmente han sido excluidos y urge darles voz. Las personas con discapacidad desean el disfrute libre del placer sexual y el derecho a poder ejercerlo libre de todo tipo de violencia, libre de prejuicios, libre de acusaciones como estas. Como muchas de nosotras y nosotros, disfrutan de embellecer el placer sexual en sus infinitas dimensiones y circunstancias.

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