Desde la llegada de internet y las TIC, el mundo digital ha creado un nuevo contexto de desarrollo que afecta especialmente a las y los jóvenes por la presencia de estas plataformas en su día a día. El uso de las TIC se ha extendido también al plano sexual demostrando un efecto de impacto en la concepción de la sexualidad en la adolescencia y la futura vida adulta, que se genera a través de los efectos causados por las vivencias de episodios de ligue a través de las redes. Según los estudios, 8 de cada 10 adolescentes afirman haber usado la red para “tontear” o “ligar”. Cada vez existen más medios y aplicaciones destinadas al ligue que no están exentas de prácticas de riesgo como las ciberagresiones sexuales o el “sexting”.

Se definen como cibercortejo o cyberdating los “comportamientos y actitudes de naturaleza sexual que los adolescentes despliegan en el medio online en sus interacciones con iguales y con sus propias parejas, y que pueden resultar agresivas o molestas”. Estas conductas se producen en forma de abuso a través de comentarios de tono sexual, bromas, sugerencias de fotografías propias, “sexting”, etc. Esta atención sexual no deseada a través de las TIC ha demostrado tener graves consecuencias para la salud y presenta un mayor riesgo para las chicas que son quienes más sufren estos efectos. Para prevenir, es clave educar en el reconocimiento de estas actitudes restándoles atractivo y conduciéndolas hacia relaciones saludables también en el campo de las citas online. Es mayor el número de víctimas por acoso en el contexto de Cyberdating que en el abuso adolescente y esto es debido al alcance de las redes en el contexto adolescente y al uso que se hace de ellas, que permite ataques desde el anonimato. Por ello, se puede reconocer este medio como una herramienta de fuerza social en la cultura adolescente para definir también las relaciones afectivosexuales saludables.

El abuso en el contexto del “Cyberdating” varía según distintos factores. Las actitudes más repetidas son recibir bromas sexuales, comentarios o gestos obscenos, mensajes o fotografías provocativas o las peticiones de las mismas, mirar el móvil de la pareja así como sus aplicaciones de WhatsApp u otros chats sin su consentimiento, amenazar con difundir secretos o información privada y enviar mensajes insultantes. Sin embargo, se percibe una vivencia diferencial entre ambos sexos. De acuerdo con los datos de este estudio, las chicas se sienten más molestas que los chicos ante comportamientos como estos y los conciben como una invasión de la intimidad y la privacidad. 

La presencia de las amistades ante actitudes de ciberacoso entre parejas es determinante. Pese a que no se ha encontrado la correlación entre la calidad de la amistad y las actitudes de acoso en las redes, sí que se ha visto que generalmente los actos de ciberacoso se trataban de justificar a través de una percepción de mayor tolerancia de las amistades de cara a estos actos de la que en realidad había. Esta falsa percepción provocaba un incremento en las actitudes de ciberacoso que demuestra que el posicionamiento de las amistades contra la violencia supone un factor de protección contra el cyberdating.

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