Son muchas las personas que deciden emprender rutas siguiendo modelos de referencia como Chris McCandless, quien emprendió un camino “hacia rutas salvajes” alejándose de todo y todos hasta su temprana muerte en medio de Alaska. Su historia, como la de otros similares, ha sido publicada en libro y película, convirtiendo la figura de McCandless en un referente para algunos, más que no un perdedor. Este impacto ha empujado a decenas de personas a seguir sus pasos hasta Alaska en busca del lugar donde McCandless terminó su vida bajo la desesperación y la soledad.

Recientemente Veramika Maikamava murió en busca de los pasos de McCandless en su viaje de luna de miel, así como ha sucedido con muchas otras personas que año tras año viajan a Alaska poniendo en riesgo su vida, así como comprometiendo a los y las habitantes de la zona a desarrollar tareas de rescate frecuentes.

La historia de McCandless, hacia rutas salvajes, es el retrato vivo, para algunos, de la disconformidad con el sistema capitalista, al que solo le queda una alternativa individual y solitaria, como la que eligió el protagonista, rompiendo con todo. Referentes como este han tenido y siguen teniendo un impacto muy negativo en muchas personas, quienes visualizan a esos personajes como héroes ante un sistema social que les oprime. Esta heroización lleva a muchas personas a cruzar limites exponiendo su vida al riesgo más elevado, sin tener en cuenta las consecuencias que esto tiene.

El presente no es un caso aislado, hay muchos hombres y mujeres en todo el mundo que eligen experiencias basadas en el peligro y el riesgo para llenar sus vidas, dejando de lado el impacto que dicha exposición conlleva. Muchos son los casos recientes, principalmente de mujeres que han sido encontradas o rescatadas bajo situaciones de grave peligro, llevadas hasta allí por motivaciones varias pero, principalmente, por una necesidad de llenar sus vidas de experiencias enormes que, si consiguen superar, posteriormente podrán contar, generando aún más deseo hacia el riesgo. Lo mismo está sucediendo con el conocido caso de Chernóbil, etc.

Detrás de historias como la de McCandless se esconden retos sociales profundos como es el suicidio de los que no se habla ni en el ámbito social ni en el académico o periodístico. En 2013 un artículo en el The New Yorker  exponía los diferentes estudios realizados sobre la muerte de McCandless, todos ellos vinculados al consumo de sustancias o plantas tóxicas sin mención alguna al suicidio. Aún a día de hoy son muy pocas las aportaciones que se están desarrollando sobre el problema del suicidio y cómo abordarlo a nivel social e individual 

Como apunta el estudio publicado por el National Institute of Health de los Estados Unidos, las relaciones de calidad basadas en la amistad son el mayor factor preventivo de suicidio, especialmente entre las chicas adolescentes, quienes sufren un mayor riesgo. Los espacios que abordan este problema generando redes de amistad profundas, basadas en la solidaridad y el apoyo mutuo, plantean una alternativa real al individualismo del sistema, alejando a las personas del riesgo y la necesidad de llenar sus vidas con experiencias que ponen sus vidas en riesgo.

Donde hay amistad, no hay rutas salvajes.

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